Paciencia: Una virtud misionera

Paciencia: Una virtud misionera

Misionero a los Estados Unidos Lang Yang

“Pero el Espíritu Santo produce este tipo de fruto en nuestras vidas: amor, alegría, paz, paciencia …”

“¿Cuál es la lección más importante que ha aprendido como misionero hmong en América?”. Esa es la pregunta que le hice al reverendo Lang Yang al final de su entrevista en video. La respuesta vino de su corazón: “paciencia”. La paciencia es probablemente la virtud más importante de un misionero. La historia de Lang así lo confirma.

El Rev. Yang nació en Laos durante la Guerra de Vietnam. Su familia era hmong y su padre un guerrillero de los Estados Unidos. Después que los norteamericanos fueran derrotados, Lang, de tres años, y su familia, escaparon en bote y se dirigieron a un campamento de refugiados en Tailandia. No tiene muchos recuerdos de ese tiempo, pero sí tiene imágenes de las balas que rompían el agua alrededor del bote y del miedo palpable que se sentía mientras las personas se desangraban y morían. Eso lo preparó para su tiempo en el campamento de refugiados.

Poco después de llegar al campamento en Tailandia, los padres de Lang tuvieron la oportunidad de venir a los Estados Unidos, pero no pudieron traer a los niños. La hija mayor, de catorce años, se convirtió en madre de Lang y de sus dos hermanos. Así aprendieron a tener paciencia. Los niños pasaron cuatro años más en el campamento. La comida escaseaba. Por la noche Lang atrapaba ratas y durante el día grillos, para tener proteínas. Oración y paciencia.

Hubo una gran bendición en el campamento. Los hmong son tradicionalmente animistas, pero en el campamento había un servicio cristiano de adoración, y un amigo del campamento invitó al joven Lang Yang a que fuera con él. Lang llegó a conocer a Jesús, de niño, en un campo de refugiados en un país extranjero.

Para su hermana mayor se encontró un padrino, pero no había manera de que los otros niños la acompañaran. Se necesitaba paciencia y oración. La hermana de Lang fue traída a América por una iglesia en Carolina del Norte. No mucho después, ella convenció a la iglesia para que enviara a buscar a sus hermanos. A los once años, en la escuela por primera vez, Lang ingresó en cuarto grado sin saber inglés. Paciencia. Aprendió rápidamente, y rápidamente se convirtió en intérprete para el pastor de la iglesia en el ministerio para los refugiados hmong.

Lang salteó sexto grado y luego noveno. A los dieciocho años se graduó de la escuela secundaria y por primera vez escuchó en su corazón el llamado del Señor a trabajar en la iglesia a tiempo completo. Su corazón dijo que sí, pero su cabeza dijo que no. En cambio, comenzó a entrenarse para convertirse en policía y fue contratado como alguacil adjunto en Carolina del Norte. Fue entonces cuando rechazó por segunda vez la llamada al ministerio a tiempo completo. “No Dios, no ahora. Tengo una familia joven para sustentar.”

En el medio oeste hay una gran presencia hmong. En los tumultuosos años setenta, muchas iglesias en Minnesota, Wisconsin y Michigan patrocinaron a refugiados. Gran parte de la vida de los hmong está determinado por un sistema rígido de clanes. Esos lazos llevaron a la joven familia Yang a Michigan. Lang tomó el liderazgo en un restaurante familiar. Se dice que “la tercera es la vencida” y, con el restaurante establecido, el llamado al ministerio volvió a Lang Yang. Pero no fue la paciencia de lo que lo llevó al trabajo misional. San Pedro nos dice: “El Señor no se tarda para cumplir su promesa, como algunos piensan, sino que nos tiene paciencia y no quiere que ninguno se pierda, sino que todos se vuelvan a él” (2 Pedro 3: 9).

Lang ingresó al Instituto de Teología de Inmigrantes Étnicos y pasó cuatro años como trabajador bi-vocacional: ganándose la vida, siendo padre y esposo y estudiando teología. Sabía que al final del programa no recibiría un título avanzado, pero su profundo deseo era ser habilitado para predicar públicamente y enseñar las buenas nuevas del amor de Dios. Y lo ha hecho: como misionero cristiano visita todos los festivales culturales hmong, mostrando el amor de Dios a la mayoría de los hmong que aún son animistas.

Lo ha hecho como capellán para el Departamento del Alguacil del Condado de Tuscola, como capellán para el municipio de Dinamarca y como capellán para la patrulla aérea civil. Como el actual presidente de la Sociedad Misionera Hmong, brinda apoyo a veintitrés pastores y dieciocho misiones en todo Estados Unidos, llevando las buenas nuevas de un Dios que ama a todas las personas, todas las familias, todos los clanes.

En la entrevista, el Rev. Yang describió haber compartido a Jesús con una señora hmong mayor. Durante toda su vida ella le había dado la espalda a todos los intentos de llevarla a Cristo. Las “balas” espirituales de sus creencias animistas la asustaban, manteniéndola fuera del agua del bautismo.

Pero Dios fue paciente. Cuando tenía noventa años, la Palabra de Dios rompió sus miedos y la llevó a Jesús, y así ella entró en la seguridad del amor de Dios a través del agua bendita del bautismo. Una de las mayores alegrías del Rev. Lang Yang fue poder dirigir la celebración de su entrada, cuando tenía noventa y nueve años, al lugar de descanso de todos los refugiados: el reino eterno de Dios.

El Señor encontrará y refinará a aquellos a quienes quiere que le sirvan. Se requiere paciencia, y la paciencia es algo que se puede enseñar. Pero, en definitiva, es un don del Espíritu. La buena noticia es que la paciencia de Dios es eterna.

Para ver una breve introducción a la entrevista con el Rev. Yang, haga clic aquí

Para ver la entrevista de diecinueve minutos haga clic aquí

Para encargar una biografía de un misionero a los Estados Unidos haga clic aquí

 

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