Donde ser pastor es un trabajo nocturno

Donde ser pastor es un trabajo nocturno

“Nosotros no encontramos misioneros. ¡Ellos nos encuentran a nosotros!” Dominic Rivkin  

Dominic Rivkin se graduó del Seminario de Concordia no como pastor, sino como misionero. Sólo seis de sus compañeros habían completado la “formación misionera”: tres para el campo misionero en el extranjero y tres para los Estados Unidos. Actualmente, es el director de LINC en Los Ángeles, una ciudad multirracial y multicultural, con múltiples misiones y oportunidades.

Para muchos, el ser “misionero en los Estados Unidos” suena extraño, aunque no debería. Mi propia denominación, el Sínodo de la Iglesia Luterana de Missouri, se ha reducido en 500,000 miembros (de un total de 2.6 millones) y se espera que perdamos otras 500,000 almas. Ninguna denominación en los Estados Unidos tuvo más miembros en el último censo que en el anterior. Le pregunté a Dominic cuál es su mayor desafío. Así respondió: “Las iglesias establecidas no lo entienden. Entienden la misión como algo que se hace “allá”, fuera de los Estados Unidos. No ven a Estados Unidos como el campo misionero que es hoy. Incluso si lo hacen, les resulta muy difícil cambiar y convertirse en una base misionera”.

El cambio, por supuesto, está viniendo. Se puede ver en la forma en que LINC (Lutheran Innercity Networking Coalition) hace su trabajo misional en el siglo XXI en los Estados Unidos. Los misioneros de LINC son diferentes, no sólo en la forma en que llevan a cabo su ministerio, sino también en la forma en que son reclutados y en que reciben apoyo. Podemos aprender algo de esto.

En otro blog hablaremos más acerca de la misionera de LINC Stella Yau. Stella nació en Hong Kong. Su pastor en Hong Kong fue el misionero Will Holt. De niña, Stella vio la misión en acción y ésta impregnó su alma, se convirtió en parte de ella. Cuando China estaba a punto de recuperar Hong Kong de los británicos su familia emigró a San Francisco, donde el misionero Holt había ido a comenzar a trabajar entre miles de chinos que eligieron vivir allí.

Stella y su familia se unieron a la misión. Esto no es inusual. Durante más de un siglo, la LCMS ha estado enviando misioneros al extranjero. Hoy, los hijos y nietos de aquellos que nuestros misioneros en el extranjero habían convertido están devolviendo el favor, al venir a Estados Unidos como misioneros.

Stella tuvo una buena educación en los Estados Unidos, se graduó de la universidad y podría haber ganado mucho dinero trabajando fuera de la iglesia. Sin embargo, su pasión por la misión la distrajo. Y luego encontró a LINC. Hoy es misionera a los inmigrantes asiáticos en Los Ángeles.

Dominic dice: “No encontramos misioneros, ellos nos encuentran a nosotros”. Como director, Dominic recibe un salario. Su llamado es a involucrarse en la ciudad, observar los nuevos ministerios que vayan surgiendo, compartir el ministerio de LINC y estar abierto a crear nuevas asociaciones. Inevitablemente, entra en contacto con personas locales quienes, movidas por el Espíritu Santo, comenzaron un ministerio evangelístico cristiano. Algunos toman la iniciativa y se ponen en contacto con LINC para buscar apoyo, y LINC acepta a aquellos cuya pasión es llegar a la comunidad, a los líderes misionales empresariales y a las mujeres y hombres de gran fe.

LINC comenzó con el fin de apoyar a misioneros-empresarios, personas que han iniciado un ministerio y necesitan ayuda para continuar y hacer crecer la misión. Cuando Dios envía a esa persona a LINC no se le da un salario, pero sí apoyo: ayuda para ser autorizado para el ministerio público, apoyo de un círculo de misioneros de ideas afines y ayuda de iglesias establecidas.

 “La capacidad de obtener un título de educación superior no es una calificación bíblica. Son cuatro personas en un barco de pesca con un mentor” (Dominic Rivkin). En el occidente hemos puesto demasiado énfasis en los títulos de educación, y no lo suficiente en el llamado. Si observamos un seminario tradicional, los estudiantes provienen de entornos privilegiados: han sido preparados para servir en una congregación establecida, con un salario y planes de salud y jubilación.

Han demostrado ser buenos estudiantes. Esto, en mi opinión, está bien para los pastores que pasan la mayor parte del tiempo cuidando a un grupo ya reunido. Pero para alguien que va a un lugar donde no ha habido un testimonio cristiano, los dones y talentos son diferentes. Ellos tienen que renunciar a muchos privilegios.

Mientras que una buena base en la doctrina es esencial, otro requisito también esencial para los misioneros es que hayan demostrado que pueden comenzar algo nuevo desde cero, que están tan motivados por la pasión de compartir el amor de Jesús con los demás, que sacrificarán cualquier cosa por ello. Durante el día, el misionero trabaja para ganarse la vida, preferiblemente en un ministerio que les permita involucrarse en su vecindario y dar testimonio. Ser pastor en un campo misionero es su trabajo nocturno. Estos misioneros evitan el privilegio: El Señor se burla de los burlones, pero brinda su favor a los humildes(Proverbios 3:34).

Por supuesto que todavía necesitamos pastores, aquellos que representan a Jesús en una comunidad de cristianos. Las congregaciones fuertes brindan apoyo a las nuevas expresiones de alcance evangelístico. Los pastores son vitales para dar liderazgo misional. Pero me pregunto cuántos pastores y misioneros contemporáneos irían al seminario para trabajar como misioneros de LINC entre los estadounidenses sin iglesia. Quizás algunos pescadores, o un recaudador de impuestos, o un fariseo. O un misionero de LINC Los Ángeles. Así como Jesús. También sé que Jesús pagó el precio por nuestra incapacidad de sacrificar todo, ¡y que lo hizo por nosotros!

No sé la respuesta sobre cómo ayudar a cada iglesia a comprender que ministramos en un campo misional. No sé cuántas iglesias podrán cambiar su enfoque para llevar a Cristo a la ciudad, al suburbio o a la América rural. Pero tengo confianza en que el cambio ha comenzado. Digo esto porque he conocido a Dominic Rivkin, a Stella Yau y a Jesús.

Para ver el video de la entrevista con Dominic, hacer clic aquí

Para ver una breve introducción al ministerio de Dominic, hacer clic aquí

Where Being a Pastor is A Night Job

Where Being a Pastor is A Night Job

” We don’t find missionaries, they find us!” Dominic Rivkin

Dominic Rivkin graduated from Concordia seminary not as a  pastor, but as a missionary, a missionary to America. Only six of the graduates of his seminary class had completed the “Missionary Formation Track,” three for traditional missionary overseas work and three for the mission field of America. He is now the director of LINC in Los Angeles – a multi-racial, multi-cultural, multi- mission-opportunity city.  

To many, “missionary to America” sounds strange. It shouldn’t. My own denomination, the Lutheran Church Missouri Synod has declined by 500,000 members from our high of 2.6 million members – and we are expected to lose another 500,000 souls. Not one denomination in America showed more members in the last census than it had in the previous.  I asked Dominic what his biggest challenge is. He replied, “Established churches don’t get it. They understand mission as something that is done ‘over there,’ outside the United States. They don’t see America as the mission field it is today. Even if they do, they find it very difficult to change and become a mission base.”

Change is, of course, coming – you can see the change in how LINC (Lutheran Innercity Networking Coalition) does mission work in twenty-first century America. LINC missionaries are different, not only in how they carry on their ministry, but how they are recruited and how they are supported. We can learn something from this.

You will hear in a later blog about the LINC missionary Stella Yau. Stella was born in Hong Kong. Her pastor in Hong Kong was the missionary Will Holt. As a girl Stella saw mission work in action; it permeated her soul, became part of who she was. When China was about to take back Hong Kong from the British, her family emigrated to San Francisco – where Missionary Holt had gone to begin work among thousands of Chinese who chose to live in the West.

Stella and her family joined the mission. This is not unusual. For over a century the LCMS has been sending missionaries overseas. Today the daughters and granddaughters and sons and grandsons of those our overseas missionaries had converted are returning the favor, by coming to America as missionaries. 

Stella had a good education in America, graduated from college and could have earned a lot of money working outside the church. However, that mission passion distracted her. And then she found LINC. Today she is a missionary to Asian immigrants in Los Angeles. 

Dominic says “We don’t find missionaries, they find us.” As director, Dominic is paid a salary. His calling is to be involved in the city, observe new ministries springing up, share LINC’s ministry, and be open to partnerships. Inevitably he comes in contact with local people who were impelled by the Holy Spirit to begin some Christian outreach. A few will take initiative and contact LINC to find support. LINC accepts those who have a passion to reach the community, entrepreneurial mission leaders, women and men of great faith.

LINC was begun to support the missionary-entrepreneurs, someone who has started a ministry and needs help to continue and grow the mission. When God sends that person to LINC they are not given a salary, but they are given support – help to be authorized for public ministry, support from a circle of like-minded missionaries, and help from partnerships with established churches. 

“The ability to get a higher education degree is not a Biblical qualification. It’s four guys in a fishing boat with a mentor” (Dominic Rivkin). In the West, we have put too much emphasis on education degrees, and not enough on calling.  If you look at a traditional seminary, students come from privileged backgrounds: they have been prepared to serve in an established congregation, with a salary and health and retirement plans.

They have proven they know how to be good students. This, in my opinion, is fine for Pastors, who spend most of their time caring for a group already gathered. The gifts and talents are different for someone who goes into a place where there has been no Christian witness. They give up many privileges.

While a good grounding in doctrine is essential, an equal requirement for a missionary is they have shown they can begin something new, starting from the ground up. They are so driven by a passion to share Jesus’ love with others they will sacrifice anything.  During the day the missionary works to earn a living, preferably in a ministry that will allow them to be involved in and witness to their neighborhood.  Being a pastor on a mission field is their night job. These missionaries eschew privilege:  All of you, clothe yourselves with humility toward one another, because, “God opposes the proud,  but shows favor to the humble.” (Proverbs 3:34).

Of course, we still need pastors, those who re-present Jesus to a gathered community of Christians. Strong congregations will provide support to new expressions of outreach. Pastors are vital in giving missional leadership. But  I wonder how many contemporary pastors, and missionaries, would have applied to seminary to work as LINC missionaries among unchurched Americans.  Maybe some fishermen, or a tax collector, or a turncoat Pharisee.  Or a missionary from LINC Los Angeles. Just like Jesus. I also know Jesus paid the price for our inability to sacrifice everything, and that He did this for us!

I do not know the answer to how to help every church come to understand we minister on a mission field. I do not know how many churches will be able to change their approach to bringing Christ to the city, or the suburb, or rural America. But I do have confidence that the change has begun. I say this because I have met Dominic Rivkin, and Stella Yau, and, Jesus. 

To view the full video interview with Dominic, click here.

To view a short introduction to Dominic’s ministry, click here.

¿Bosnios en una liga de fútbol mexicana?

¿Bosnios en una liga de fútbol mexicana?

Rev. Tony Boos – Misionero a los Estado Unidos

¿Cuáles son las probabilidades de que un niño nacido en una choza nipa en las Filipinas termine jugando al fútbol con bosnios en una liga de fútbol mexicana en St. Louis, Missouri? La respuesta: 100% cuando es el Señor quien hace el “tiro de entrada” que envía la pelota de fútbol hacia el arco. El objetivo de Dios siempre es lograr 100 de 100. Así ha sido con el Rev. Tony Boos.

Tony vivió la primera parte de su vida en Filipinas en una cabaña nipa.

   

Cuando tenía cuatro años, su madre se mudó con su padre estadounidense a St. Louis, Missouri, donde Tony creció y fue a la escuela. Fue titular por cuatro años en su equipo universitario. El fútbol que aprendió en las Filipinas fue su mayor pasión,

hasta que conoció y se enamoró de Jennifer, quien le presentó un amor aún más grande: el amor de Jesús.

Tony y Jennifer se casaron, formaron una familia y se involucraron mucho en su iglesia. El estudio de la Biblia acercó a Tony al Señor. El Rev. Greg Smith vio algo en su nuevo discípulo, y así Tony se convirtió en líder de un pequeño grupo de estudio bíblico en un hogar. Tony admiraba al Rev. Smith, en quien encontró sabiduría y dedicación.

El joven encontró un buen trabajo en el aeropuerto, y nunca pensó irse a ningún otro lugar. Pero un día, de la nada surgió lo que se conoce en el fútbol como el “Hollywood Pass”: algo tan improbable, que sólo sucede en las películas. El Hollywood Pass de la familia Boos llegó cuando, en una conversación, el pastor le preguntó a Jennifer: “¿Ha pensado alguna vez Tony en ir al seminario?” Ella no lo sabía; nunca lo habían discutido. Por otro lado, y sin que ella lo supiera, una voz le dijo a Tony: “¿Por qué no te haces pastor?” La idea le inquietó. ¿De dónde había venido eso? Cuando unos días después Jennifer le mencionó la pregunta del pastor, comenzaron a conversar seriamente, oraron, hablaron con amigos, y finalmente decidieron que el Señor los estaba llamando al ministerio. Pero no de la manera que ellos imaginaban.

A veces Dios nos da una idea clara de dónde quiere que sirvamos; otras veces nos da experiencias, oportunidades repentinas que nos hacen pensar y hacen que nos volvamos a él para poder comprender. Tony planeaba ser pastor, así como el pastor a quien tanto admiraba. Pero en una clase de misión en el seminario, el Prof. Henry Rowald desafió a los alumnos a escuchar lo que el Rey Salomón dice en 1 Reyes 8:41a, 43a: “En cuanto al extranjero que no es de tu pueblo Israel… haz conforme a todo lo que el extranjero te pida, para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu nombre…”.

“Haz conforme a todo lo que el extranjero te pida”. Tony tenía esa frase grabada en su mente cuando un pequeño grupo de niños bosnios inmigrantes le preguntó: “¿Nos puedes ayudar con un equipo de fútbol y camisetas?” Su primer pensamiento fue: “¿Cómo podría hacerlo? ¡Estoy ocupado con los estudios y no tengo dinero extra para apoyar un equipo de fútbol juvenil!” “Haz conforme a todo lo que el extranjero te pida.” Y ellos estaban pidiendo.

En St. Louis hay sesenta mil inmigrantes bosnios que han pasado por horrores indescriptibles. La gran mayoría son musulmanes.

   

Se dedicó con pasión a mostrar a los musulmanes el amor de Jesús. Consiguió donaciones para el equipo de fútbol y se convirtió en su entrenador. También entró en un equipo de fútbol de Bosnia, el único equipo europeo que juega en una liga de fútbol mexicana, lo que le permitió conocer y hacerse amigo de adultos bosnios.

Su pasión lo impulsó a aprender todo lo que pudo en el seminario, porque sabía que el Señor lo estaba llamando a ser misionero, misionero a los musulmanes. Después de la graduación, Tony fue llamado por la iglesia para trabajar entre los musulmanes en St. Louis. En conjunto con varias iglesias cristianas, ayudó a comenzar clases de inglés como segunda lengua, clases de ciudadanía y un círculo de costura donde las mujeres se podían reunir para encontrar paz y para conversar. Las iglesias proveían voluntarios para ayudar a los inmigrantes,  espacios donde recordar y celebrar sus fiestas significativas y también formas de conocer el perdón y el amor de Dios. Esas iglesias fueron un recurso indispensable.

Algunas de las mujeres nunca habían podido compartir sus experiencias en sus países de origen: algunas habían sido torturadas y habían perdido todo. Seis mujeres, que habían sufrido mucho en Iraq, formaron un grupo especial. La posibilidad de expresar su dolor en voz alta les ayudó en el proceso de sanación.

Los hombres mayores, que habían sido profesionales y tenían buenos empleos en Bosnia, hablaron sobre el resentimiento que sentían por tener que comenzar de nuevo en una nueva tierra haciendo trabajos domésticos. Tony se sentaba con ellos a tomar café, los escuchaba y lloraba con ellos. También contactó a un profesor de árabe para que enseñara clases de Biblia a los inmigrantes a través de Skype.

Algunas familias estaban interesadas en estudiar la Biblia, porque querían ver lo que la Palabra de Dios decía sobre Jesús. A veces había fuertes “discusiones” y hasta desacuerdos. Pero quienes buscaban conocer a Jesús, encontraban paciencia, amor y verdad. En seis años hubo doce bautismos.

Nuevas restricciones han obstaculizado la inmigración de refugiados musulmanes. En cierto modo, es una pena. Incapaces de escuchar el Evangelio libremente en su tierra natal, los musulmanes que llegan a los Estados Unidos tienen dificultades para no oír hablar de Jesús.

¿Bosnios en una liga de fútbol mexicana? “En cuanto al extranjero que no es de tu pueblo Israel… haz conforme a todo lo que el extranjero te pida, para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu nombre…”.

Para ver una parte de la entrevista con el misionero Boos, haga clic aquí

Para ver todo el video de la entrevista, haga clic aquí

Robert Scudieri

Tr. B. Hoppe

 

BOSNIANS IN A MEXICAN SOCCER LEAGUE?

Bosnians in A Mexican Soccer League?

Missionary to America Rev. Tony Boos (Sounds like “Bose”)

What are the odds that a boy born in a nipa hut in the Philippines would end up playing soccer with Bosnians in a Mexican soccer league in St. Louis? The answer: 100%, if the Lord was executing an “inswinging pass.” The inswinging kick arches the soccer ball towards a goal. God’s aim is always 100 out of 100.  Ask Rev. Tony Boos.

Tony lived the early part of his life in the Philippines in a nipa hut. 

When he was four years old his mother moved with his American father to St. Louis, Mo. where Tony grew up and went to school. He was a four year starter on his college team.The soccer he learned in the Philippines was his greatest passion, until he met and fell in love with Jennifer.Image result for tony and jennifer boos She introduced him to a greater love, the love of  Jesus. 

Image result for tony boos soccer imagesTony and Jennifer were married, started a family, and became very involved in their church. Bible study pulled Tony closer to the Lord. Pr. Greg Smith saw something in his new disciple. Tony became the leader of a small home Bible study group. Tony looked up to Pr. Smith, someone in whom he found wisdom and concern. 

The young man found a good job at Lambert Field, never expecting to want to go anyplace else. But then, out of nowhere, came what’s known in soccer as the “Hollywood Pass,” an improbable play that is so impossible it only happens in the movies. The Boos family’s Hollywood Pass came when Jennifer was speaking with their pastor who asked, “Has Tony ever thought about going to seminary?” She didn’t know; they had never discussed it. Unknown to Jennifer, out of the blue Tony heard a voice, “Why not become a pastor?” He was unsettled by the idea, wondering “Where did that come from?” When a few days later Jennifer mentioned their pastor’s question, they began a serious discussion. They prayed. They talked with others. And they decided the Lord was calling them into ministry. But not in the way they imagined.

Sometimes God gives us a clear idea of where He wants us to serve; other times he plants experiences, sudden opportunities that make us think, and cause us to turn to Him for understanding. Tony planned to be a pastor, to take up the mantle of the pastor he admired so much. Then, in a seminary class on mission, Prof. Henry Rowald raised the class consciousness when he challenged them to hear what King Solomon was saying in    1 Kings 8: 41-43, “As for the foreigner in the land who does not know your people… do whatever the foreigner asks, so that your Name may be known among them.” 

“Do whatever the foreigner asks.” Tony had that phrase in his head when a small group of immigrant Bosnian children asked him, “Hey, can you help us with a soccer team and jerseys?” His first thought was, “How could I do that? I’m busy in school, I don’t have extra money to support a kids’ soccer team!” “Do whatever the foreigner asks.” Well, they were asking.

There are sixty thousand Bosnian immigrants in St. Louis. These immigrants had come through unspeakable horrors. The great majority are Muslim. Related image

 He became passionate about showing Muslims the love of Jesus. He found donations for the kids’ soccer team, and became their coach. He tried out for a Bosnian soccer team, the only European team playing in a Mexican soccer league. It was a great way to know and befriend Bosnian adults. 

His passion gave him greater purpose to get all he could out of seminary, because he knew the Lord was calling him to become a missionary, a missionary to Muslims. After graduation Tony was called by the church in St. Louis to work among Muslims. Partnering with various Christian churches, he helped begin English as a second language class, citizenship classes, a sewing circle where women come come together to find peace, and to talk. The churches provided volunteers to assist and mingle with the immigrants, providing places for them to remember and celebrate festivals dear to them; and ways to know the forgiveness and love of God. Those partner churches were an indispensable resource.

Some of the women had never been able to share stories about their experiences back home – some had been tortured, and lost everything.  Six women who had suffered greatly in Iraq formed a special group. There was healing in the opportunity to speak their pain out loud.

Older men who had been professionals and had good jobs in Bosnia talked about their resentment at having to start over in a new land doing menial labor. Tony could sit with them, drink coffee and  listen to them, and shed tears with them. Tony contacted an Arabic speaking professor to teach Bible classes to the immigrants via Skype.

Some families were interested in studying the Bible, to see what God’s Word said about Jesus. There were loud “discussions” at times, even disagreements. But those who were seeking to know Jesus would find patience, love and truth. In six years there were twelve baptisms. 

New restrictions have hampered the immigration of Muslim refugees. In some ways that is a shame. Unable to hear the gospel freely in their homelands, Muslims who come to the Untied States have difficulty not hearing about Jesus. 

Bosnians in a Mexican Soccer league? “As for the foreigner in the land who does not know your people… do whatever the foreigner asks, so that your Name may be known among them.” 

To see a short piece of a video interview with Missionary Bose, click here.

To see the full video interview, click here.

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LA FORMACIÓN DE UN MISIONERO: Misioneros en América

LA FORMACIÓN DE UN MISIONERO: Misioneros en América

Los hermanos crecieron en una familia cristiana próspera en Pakistán. La familia Khan era propietaria de una fábrica de algodón y un pequeño molino de aceite. Llevaban una vida cómoda, aun cuando no todo era fácil para los cristianos en un país de mayoría musulmana. Pero antes de 1970, los cristianos y los musulmanes vivían, estudiaban y trabajaban juntos en paz. Los Khan eran buenos cristianos, pero nunca habían pensado en convertirse en misioneros sino que aspiraban a ser ingenieros. Tenían a disposición buena educación, tanto en escuelas públicas como cristianas, y así Khurram y Farrukh Khan fueron progresndo en sus estudios. Pero su vida iba a empeorar.
En los años setenta comenzó una revolución armada y llegó al poder un gobierno más autoritario. Un gran número de refugiados, muchos de ellos extremistas religiosos, huyeron de la invasión rusa de Afganistán y se instalaron en Pakistán. A ellos se unieron fanáticos de los estados del oeste de Rusia. Los cristianos comenzaron a sufrir.


El fundamentalismo musulmán tomó el control y fue estimulado aún más por los fanáticos. La regla de la mafia era bien común. La “Ley 295.C” exigía el castigo de la muerte por blasfemar contra Mahoma o el Corán.

Los fanáticos locales usaban esto como excusa para tomar la ley en sus propias manos y así perseguir, encarcelar y matar a aquellos con quienes no estaban de acuerdo. Ese fue el momento en que Khurram y Farrukh decidieron buscar una vida mejor fuera de Pakistán.

Recibieron ofertas para trabajar como ingenieros en una compañía petrolera estadounidense, y se fueron a trabajar en Arabia Saudita. El gobierno saudí no era menos represivo, pero al menos allí se respetaba la ley. Además, al estar viviendo en instalaciones de la compañía, los hermanos y sus familias podían vivir abiertamente como cristianos; mientras no compartieran sus creencias, estaban a salvo. Ellos no planeaban imponer sus creencias sobre los musulmanes. Eran cristianos comunes, no misioneros… hasta que comenzaron los estudios bíblicos.Arabia Saudita es el único país del mundo que prohíbe el culto cristiano. Allí es ilegal que un grupo estudie la Biblia, incluso en su propio hogar. Khurram y Farrukh y sus familias necesitaban expresar su fe por lo cual, aunque era contrario a la ley, se unieron a un estudio bíblico clandestino llevado a cabo en un hogar privado.
Uno de los miembros del estudio bíblico era un ingeniero del sur de Illinois que no sólo conocía la Biblia, sino también la gracia, la clase de gracia que Pablo celebra en Efesios 2:8-9: ”Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que nadie se gloríe”. Cuando Khurram escuchó esto, dijo que era “como escamas cayendo de mis ojos”. A los hermanos y sus esposas se les abrieron los ojos al perdón y el amor inmerecido y completo de Dios, sin que tuvieran que hacer nada para ganarlo. Al escuchar esto, ya no pudieron más guardar silencio.
Fueron impulsados, no obligados, impulsados por el Espíritu Santo a compartir esas noticias increíblemente buenas con todas las personas, pero especialmente con las personas del sudeste de Asia. Cuando el Señor llama a alguien al ministerio, es difícil resistir: Él sigue buscándolo a uno, abriendo puertas que nadie pensó que se podrían abrir. Dios escoge personas que nunca creyeron que podrían ser misioneros, que nunca tuvieron entrenamiento o recursos financieros. Como dice San Pablo (Romanos 9:21): “¿No tiene derecho el alfarero de hacer del mismo barro unas vasijas para usos especiales y otras para fines ordinarios?” Los misioneros son para ocasiones especiales.
Sabiendo que no iba a ser posible compartir a Cristo en Arabia Saudita, Farrukh Khan escribió al departamento de misión de la Iglesia Luterana del Sínodo de Missouri con un pedido: queremos venir a los Estados Unidos, ir al seminario y convertirnos en misioneros a los Estados Unidos. Muchos refugiados del sudeste de Asia venían a este país. En sus países de origen muchos no podían escuchar el evangelio de la gracia, del amor inmerecido de Dios; los hermanos Khan creían que podían compartir el amor de Cristo con estos inmigrantes en formas que los misioneros estadounidenses no podían. Aquí es necesario hacer una confesión.

La carta escrita por Farrukh fue enviada a la oficina del vicepresidente de la Iglesia Luterana-Sínodo de Missouri, el Dr. August Mennicke.


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En ese momento yo estaba sirviendo como director de la obra misional para la Iglesia Luterana Sínodo de Missouri en América. Pero cuando Auggie Mennicke me trajo la carta, me burlé: “No conocemos a estos hombres; podrían ser espías; no tienen formación misionera y no tenemos manera de saber si podrían tener éxito como misioneros en los Estados Unidos. Además (en ese momento, a principios de los años 90), los dos seminarios de nuestra denominación exigían que los candidatos fueran luteranos durante diez años antes de poder asistir. “Auggie, olvídate de eso”. Pero Auggie no lo hizo, sino que respondió a la carta de Arabia Saudita y se puso en contacto con Farrukh por teléfono.
Dos semanas más tarde, el Dr. Mennicke regresó a consultarme. “Bob, creo que estos hombres son sinceros. ¿No hay nada que podamos hacer?” Bueno, la semana anterior había recibido una solicitud de un grupo de iglesias en Toronto. Querían un misionero para llevar el amor de Dios a nuevos inmigrantes canadienses. Decidimos que si Farrukh estaba dispuesto a trasladar a su familia a Canadá, encontraríamos dinero para apoyar al ministerio.
Farrukh pagó su pasaje a St. Louis para ser entrevistado por líderes misionales. Los entrevistadores quedaron profundamente impresionados y recomendaron que Farrukh fuera instalado como misionero en Toronto. En Toronto, las iglesias descubrieron que no era un solo Khan sino dos, los que habían sido llamados a la obra misional. Así, Khurram Khan se convirtió también en parte de la misión.
No es fácil dejar atrás el trabajo, la casa, los amigos y todas las comodidades que disfrutan los ingenieros que trabajan para una compañía petrolera. El coraje, la fe, los sacrificios que se les pide a los misioneros es una prueba. Muchos que tienen el don, no logran pasarla. Como dice Malaquías, “Se sentará como un refinador de plata y quemará la escoria” (Malaquías 3:3). El Alfarero trabaja la arcilla y la cocina para que sea útil.
Los Khans hicieron enormes sacrificios, no solo en cuanto a sus ingresos, sino también en cuanto a su prestigio y comodidad, para comenzar una misión exitosa entre los asiáticos del sudeste en Toronto. Después de un tiempo, se les pidió que hicieran lo mismo en Detroit. Recaudaron fondos para comenzar POBLO — People of the Book Lutheran Outreach (los musulmanes llaman “People of the Book” – “Gente del Libro”, a los cristianos y judíos). Esos fueron tiempos muy difíciles. Las cuentas no fueron siempre pagadas a tiempo, pero los hermanos y sus familias perseveraron, como los primeros misioneros, como los apóstoles, como las mujeres y hombres llevados como refugiados de Jerusalén a Antioquía. Como Pablo y Bernabé. Refinados por el fuego confiaban, trabajaban duro, oraban y pedían a otros que oraran por ellos. Nunca se dieron por vencidos.
A veces se deprimían: a muchos cristianos les resulta difícil confiar en los inmigrantes de Pakistán, pues creen que están en el ministerio por sí mismos. Cuando comenzaron, no tenían entrenamiento en cómo ser misioneros. La mayoría de los pastores que pasan por el seminario no tienen esa capacitación: están preparados para cuidar a los cristianos, pero no se les enseña cómo comenzar una misión. La manera en que formamos a los trabajadores de la iglesia atrae a mujeres y hombres que pueden tener éxito en la educación superior, pero no como empresarios. Los Khans se negaron a rendirse. Fueron aprendiendo sobre la marcha: a veces con la ayuda de su iglesia, a veces a pesar de ella.
En un momento, al principio, consideraron seriamente regresar al Medio Oriente. Luego, en las semanas siguientes semanas hubo dieciséis bautismos en una misión que habían ayudado a comenzar, y dieciocho en otra. Se quedaron. Otros misioneros se sintieron atraídos por POBLO. En un momento dado, después de hacer juntos el programa de educación a distancia del Seminario Teológico Concordia, catorce hombres reclutados por POBLO fueron ordenados al ministerio en la iglesia Faith Lutheran en Troy, Michigan.

Hoy, POBLO es un ministerio de un millón de dólares que, incluyendo los ministerios comenzados en Pakistán, han producido más de doce mil bautismos. POBLO posee un edificio donde tiene sus oficinas y centro de capacitación misionero. Los ingresos del alquiler de otro espacio pagan la hipoteca. POBLO realiza obra misional en ocho distritos de la LCMS, y tiene planes para comenzar dos o tres nuevos campos misionales cada año.
Si antes de ese estudio bíblico en Arabia Saudita alguien les hubiera dicho a los hermanos que se convertirían en misioneros en América, no le hubieran creído. Sólo el Espíritu Santo no se hubiera reído. Es que el ser “misionero cristiano” no es un objetivo profesional, sino un llamado. Si el Señor así lo quiere, se abrirá un camino. Uno puede luchar contra eso, pero el Espíritu sigue insistiendo, abriendo algunas puertas, cerrando otras, modelando y moldeando, dando fe, coraje y amor… todos los componentes necesarios para la formación de un misionero. El Alfarero todavía está trabajando, creando nuevas vasijas de barro para uso especial.

Dr. Robert Scudieri, Presidente
Mission Nation Publishing

Tr. B. Hoppe

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The Making of A Missionary

THE MAKING OF A MISSIONARY: Missionaries to America Khurram and Farrukh Khan

The blog today is about two brothers who learned life was not about accumulating riches for themselves; there was a  higher purpose for living. These brothers grew up in Pakistan, and were raised in an affluent Christian family. The Khan family owned a cotton factory, and a small oil mill. They lived a pleasant life, not easy for Christians in the Muslim majority country where most Christians lived in poverty.

Before 1970 Christians and Muslims lived, studied and worked side by side in peace.  They aspired to be engineers.  Good education was available, both public and Christian schools prospered, and  Khurram and Farrukh  Khan progressed in their studies. The Khans were good Christians, but had never thought of becoming missionaries. Their lives were about to change.

In the nineteen seventies an armed revolution began and a more authoritarian government came to power in Pakistan. Refugees , many of them religious extremists, fled the Russian invasion of Afghanistan to settle in Pakistan. Zealots from western Russian States joined them. Christians began to suffer.

Muslim fundamentalism took over, and spurred on by the 

zealots; mob rule was all too common. “Law 295.C” required the punishment of death for blaspheming Mohammed, or the Koran. Local fanatics used this as a cover, taking the law into their own hands, to persecute, jail and kill those with whom they disagreed. That is when Khurram and

Farrukh decided to find a better life, a life outside of Pakistan.

Offered positions as engineers with an American oil company, they accepted the offer and began work in Saudi Arabia. The Saudi government was no less repressive, but at least the law was observed in Saudi Arabia – and besides, living in company quarters, the brothers and their families had opportunity to live openly as Christians. As long as they did not share their beliefs they were safe.  The brothers had no plans to push their beliefs on Muslims; they were ordinary Christians, not missionaries. Until the Bible studies.

Saudi Arabia is the only country in the world to ban Christian worship. In Saudi Arabia it is against the law for a group to study the Bible, even in your own home. Khurram and Farrukh and their families needed to express their faith, and, though it was against the law, they joined a clandestine Bible study conducted in a private home.

One of the members of the Bible study was an engineer from southern Illinois who not only knew the Bible, but knew grace, the kind of grace Paul celebrates in Ephesians, 2:8-9, “For it is by grace you have been saved, through faith – and this is not your doing, (salvation) is a gift of God, not by human efforts, so no one can boast.” When Khurram heard this he says it was “like scales falling from my eyes.” The brothers and their wives had their eyes opened to the undeserved, full, complete forgiveness and love of God, apart from anything they might do to earn God’s love. Hearing this, they could no longer keep silent.

They were impelled, not compelled, impelled, by the Holy Spirit to share this life saving incredibly good news with all people, but especially Southeast Asians. When the Lord calls someone into ministry it is hard to stay away. He keeps coming after you, opening doors no one ever thought could open; He chooses people who never believed they could be a missionary, who never had training, or funding.  As St. Paul counsels (Romans 9:21), “After all, the man who makes the pots has the right to use the clay as he wishes, and to make two pots from the same lump of clay, one for special occasions and the other for ordinary use. ” Missionaries are for special occasions.

Knowing that sharing Christ was not going to be possible in Saudi Arabia, Farrukh Khan wrote to the mission department of the Lutheran Church Missouri Synod with a request: we want to come to America, to go to seminary, and become missionaries to America. Many Southeast Asians were coming to America. In their home countries, many could not  hear the gospel of grace, of undeserved love from God; the Khan brothers believed they could share Christ’s love with these immigrants in ways American missionaries could not. A confession at this point is required.

The letter written by Farrukh was routed to the office of the vice president of our denomination, Dr. August Mennicke. At the time I was serving in the position of head of mission work in America for the Lutheran Church Missouri Synod. But when Auggie Mennicke brought the letter to me, I scoffed: “We do not know these men; they could be spies; they have no missionary training and we have no way of knowing how they could or would succeed as missionaries in America . Besides, (at that time, the early 1990s) the two seminaries in our denomination required candidates to have been Lutheran for ten years before they could attend. “Auggie, forget about it.” But he did not.  He wrote a reply to the letter from Saudi Arabia, and contacted Farrukh by telephone.

Two weeks later Dr. Mennicke came back to my office.”Bob, I believe these men are sincere. Isn’t there anything we can do?”  Well, the week before I had received a request from a group of churches in Toronto. They wanted a missionary to bring God’s love to new Canadian immigrants. We decided if Farrukh was willing to move his family to Canada, we would find money to support the ministry.   Farrukh paid his way  to St. Louis to be interviewed by mission leaders.  The interviewers were deeply impressed and recommended Farrukh be installed as a missionary in Toronto.  In Toronto the churches discovered that there was not one Khan, but two who were called to missionary work. Khurram became part of the mission. 

It is not easy to leave behind your work, your house, your friends – to let go of the comforts enjoyed by engineers working for an oil company. The courage, the faith, the sacrifices asked of missionaries is not only required, it is tested. Many who have the basic talent are not able to succeed. As Malachi says, “He will sit like a refiner of silver, burning away the dross” (Malachi 3:3). The Potter works the clay and fires it to make it useful. 

The Khans made tremendous sacrifices, not only of reduced income, but of prestige and comfort to begin a successful mission among Southeast Asians in Toronto. After a while, they were asked to do the same in Detroit. They scraped together funds to begin People of the Book Lutheran Outreach (Muslims call Christians and Jews “People of the Book). These were hard times. Bills were not always paid on time but they persevered, like missionaries from the beginning, like the apostles, like the women and men driven as refugees from Jerusalem to Antioch. Like Paul and Barnabas. Refined by fire, they trusted, they worked hard, they prayed and asked others to pray. They never gave up. 

At times they were depressed: many Christians have difficulty trusting immigrants from Pakistan, difficulty believing they are not in the ministry for themselves. When they began, they had no training in how to be missionaries. Most pastors going through seminary do not have that training; they are prepared to take care of Christians, not taught how to build a mission. Our way of forming church workers attracts women and men who can be successful at higher education, not  necessarily as entrepreneurs.  The Khans refused to give up; they learned on the go, sometimes with the help of their church, sometimes in spite of that church. 

Early on they seriously considered returning to the Middle East. Then, in the next few weeks, there were sixteen baptisms at one mission they’d help begin, and eighteen at another. They stayed. Other missionaries were attracted to POBLO. At one point, after going together through a distance education program at Concordia Theological Seminary, fourteen POBLO recruited men were ordained at Faith Lutheran Church in Troy, Michigan.

Today, POBLO is a million dollar ministry, and, including ministries begun in Pakistan, over twelve thousand baptisms have occurred. POBLO owns a commercial building where they have their offices and missionary training center. Income from rental of other space helps pay the mortgage. People Of the Book carries on  mission work in eight districts of the LCMS, with plans in place to begin two to three new mission fields each year. 

Before that Bible class in Saudi Arabia, if anyone had told the brothers they would become missionaries to America, they would have been incredulous. Only the Holy Spirit would not have laughed. You see, “Christian missionary” is not a career goal, it is a calling.  If the Lord wants you a way will open. You may fight it, but the Spirit keeps coming back, opening some doors, shutting others, shaping and molding, giving faith, and courage and love – all the components for the making of a missionary.  The Potter is still  at work, creating new clay jars for His special use. 

To see a short, introductory interview of the Khans, click here.

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Personas reales. Historia verdadera. Intervención divina.

El misionero a prueba de balas: Personas reales. Historia verdadera. Intervención divina.
La increíble biografía del escape del Profesor Shang Ik Moon de Corea del Norte y su misión de llevar a Cristo a sus compatriotas. Ahora en un libro. 

Para encargar el libro haga click aquí

“En la guerra uno no puede evitar la bala. La bala debe evitarlo a uno”. El profesor Shang Ik Moon compartió este sobrio adagio coreano. Él lo sabía bien. Moon, uno de los profesores pioneros de la Universidad de Concordia en Irvine, sobrevivió a los horrores de la Segunda Guerra Mundial y de la Guerra de Corea. Toda su vida se ha preguntado por qué las balas lo esquivaron, cuando tantos cerca de él fueron despedazados.

Nacido en Corea del Norte y dejado al cuidado de su abuela, huyó de Corea del Norte en busca de sus padres en Corea del Sur, arriesgando su vida al cruzar la frontera fuertemente custodiada. Unos años más tarde, cuando Corea del Norte invadió el sur, se encontró de nuevo atrapado en medio de fuegos cruzados como refugiado, teniendo que huir más al sur. Tratando de sobrevivir, llegó a una base aérea militar de los Estados Unidos cerca de Suwon donde dormía en el suelo. Como no le proveían comida, se alimentaba de lo que encontraba en un basurero afuera de una base aérea estadounidense. Desesperado, se acercó al comandante de la base aérea para pedir trabajo. El capellán Vajda, un capellán militar luterano, entrevistó al niño y lo contrató.

 

Shang Ik Moon aprendió mucho del capellán Vajda: aprendió inglés, aprendió sobre los Estados Unidos y sobre todo aprendió sobre Jesús. El niño quería ser ordenado para convertirse en misionero en Corea. Con la ayuda del capellán fue al St. John’s College en Winfield, Kansas, para estudiar para el ministerio.

En St. John’s tuvo que aprender alemán, latín, hebreo y griego, una tarea nada fácil para una persona joven que había perdido gran parte de su educación a causa de la guerra, y que apenas hablaba inglés. Casi se dio por vencido con el griego. Pero el decano de la universidad le asignó como tutor a un estudiante de un curso superior: Ralph Bohlmann, futuro presidente del Sínodo de Missouri de la Iglesia Luterana. Con la ayuda de Bohlmann y el aliento de otros estudiantes y profesores, Moon se graduó y se fue al Seminario Concordia. Le fue tan bien académicamente, que se quedó en St. Louis para obtener una Maestría y luego un Doctorado en Sociología en la Universidad de St. Louis. Eso le trajo su primer ministerio: enseñar teología y sociología en el Concordia Senior College. De allí, el Dr. Moon se unió a la primera facultad en Concordia Irvine.

El profesor Moon es misionero, pero no fuera de los Estados Unidos. Cuando solicitó permiso para ser misionero en Corea, fue rechazado. Lo necesitaban más como misionero entre los inmigrantes coreanos en los Estados Unidos. Para ese propósito, Moon comenzó un proceso en Concordia Irvine para ayudar a los pastores ordenados de Corea a obtener autorización para el ministerio público en los Estados Unidos a través de la Iglesia Luterana. Más de sesenta pastores y congregaciones coreanas han encontrado su hogar en un cuerpo eclesiástico que les dio la bienvenida a través del ministerio del profesor Shang Ik Moon.

Esto sucedió porque varios mentores dieron de su tiempo y talentos para involucrarse en la vida de un refugiado. Seguramente Ralph Bohlmann ya tenía suficiente para hacer en la escuela y no tenía por qué tomarse la molestia de enseñar a un estudiante que apenas entendía inglés, menos aún el cristianismo, y ayudarlo a aprender griego. El capellán Vajda podría haber encontrado un mejor asistente, más viejo, con mejor inglés, y que fuera cristiano. Sin embargo, eligió asumir un proyecto. Nadie se pudo haber imaginado en ese entonces, las bendiciones que Dios tenía preparadas para su Iglesia.

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Para ver una breve entrevista con el Profesor Moon, haga click aquí.

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Dr. Robert Scudieri, Presidente

Mission Nation Publishing

THE BULLETPROOF MISSIONARY – Now you can purchase the book

“In war, you cannot avoid the bullet. The bullet has to avoid you.” Professor Shang Ik Moon shared this sober Korean adage. He should know. Prof. Moon, one of the pioneer professors at Concordia University, Irvine, survived the horrors both of WW II and the Korean War. He has lived his whole life with the question of why the bullets missed him when so many near him were torn into pieces.

Born in North Korea, left to his grandmother for care, he had to flee from North Korea in search of his parents in the South, risking his life crossing the heavily guarded DMZ Border.  A few years later when North Korea invaded the South, he was again caught-up in the midst of crossfires as a refugee, fleeing further south.  In search of survival, he came to a US military air base near Suwon, where he slept on the ground.  He had no food provided for him, so he did the best he could scrounging on a garbage dump outside an American air base.  Desperate, he approached the air base commander to ask for a job.  Chaplain Vajda, a Lutheran military chaplain, interviewed the boy-and hired him.

Shang Ik Moon learned a lot from Chaplain Vajda: he learned English, he learned about America, most of all, he learned about Jesus. The boy wanted to be ordained in order to become a missionary in Korea. With the Chaplain’s help he went to St. John’s College in Winfield, Kansas, to study for the ministry.

Professor Moon is a missionary, not outside the United States. He was turned down when he applied to be a missionary in Korea. He was needed more as a missionary among Korean immigrants in the United States. For that purpose Moon began a process at Concordia Irvine to help ordained pastors from Korea find authorization for the public ministry in America through the Lutheran Church. More than sixty Korean pastors and congregations have found a home in a church body that welcomed them through the ministry of Professor Shang Ik Moon.

Chaplain Vajda could have found a better assistant, older, with better English, who was a Christian. Instead, he took on a project. Who could have known then what a blessing God was planning for His Church?

To order the book to know the whole story of divine intervention, click here.

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An Important Question

An Important Question

As members of the editorial committee of Lutheran Mission Matters, the journal of the Lutheran Society for Missiology, and, more importantly, as members of the LCMS who seek to take seriously our Lord’s mission to share His salvation with all nations and to do so in ways that are joyfully and fully Lutheran, we are developing thoughts for a forthcoming article that seeks to present a more positive and hopeful future for the LCMS than that which has been reported at many district conventions this year, especially in light of the various demographic studies recently conducted by our synod.

In this endeavor, we seek the wisdom, encouragement, and input of various leaders in our synod, and this simple survey humbly solicits any response that you may deem helpful. We recognize the limitations of time and schedules, so responses can be as much or as little as you wish.

This is intended to be open-ended and inclusive, so if you know of anyone else who might be interested, feel free to pass the link below on to others. But please respond by August 30, 2018, after which the survey link will be closed.
The one question we put before you is as follows:     Demographic projections shared at recent district conventions and         elsewhere indicate that despite current efforts at evangelism, church planting, and revitalization, the LCMS may lose as many as 500,000 additional members in the next decade. Do you think there is a more hopeful future toward which the LCMS, empowered by God the Holy Spirit, might seek to work? If so, please tell us what that future would look like.

Please respond as you wish and are able by using this link:https://goo.gl/orZg5r. We are asking for your email address should we need to follow up or clarify, but the survey results will remain anonymous. We will not identify anyone by name or specific position when we write our article, and we will not share any information regarding identity or email addresses with others.  We hope that it will take only a few minutes to respond, but we also hope that you will take the opportunity to share your understanding of LCMS work in mission and ministry and how it might be done in the 21st century.Thank you sincerely for your time and assistance.  These are extraordinary and challenging times, but we are confident in the Lord of the church through His Spirit to lead us not only in holding on to His truth but also in sharing it with those who have not received it.

In Christ’s Name and Service,
 Andrew Bartelt

Jon Diefenthaler

Daniel Mattson

Robert Scudieri

Misiologia de El Camino

 

Misiología de El Camino

Misioneros Perla y Nelson Rodriguez

La antigua iglesia en el centro de Houston se encuentra junto a un refugio para personas sin hogar. Solía llamarse iglesia St. John, pero los anglos se mudaron y los inmigrantes y refugiados de América Central y del Sur, y el Caribe tomaron su lugar. Las nuevas religiones se arraigaron en el antiguo vecindario; la brujería se convirtió en la religión preferida. St. John cerró sus puertas.

Perla Rodríguez creció en ese vecindario: fue a St. John y a su escuela primaria. Luterana desde que tenía seis años, estaba profundamente comprometida con que el evangelio llegara a los nuevos ciudadanos. Entonces apareció Nelson, un joven ingeniero químico de Puerto Rico, quien había sido contratado por una compañía para trabajar en Houston. Perla y Nelson se sintieron llamados a hacer real el amor de Jesús en las personas de su antiguo vecindario. Y entonces, el Señor abrió un nuevo Camino.

El Camino

El nombre, que fue ampliamente utilizado por los primeros creyentes y puede ser el más desconocido para los cristianos de hoy, es “El Camino”. Cristo se llamó a sí mismo “El Camino, la Verdad y la Vida” (Juan 14: 6). De hecho, Jesús afirmó ser el único Camino a la vida eterna. “El Camino” era el nombre usado para los primeros cristianos; se usó ampliamente en el libro de los Hechos (19: 9, 19:23, 24:14, 24:22). “Cristianos” se convirtió en el nombre común para los creyentes sólo después de que la fe llegara a Antioquía, alrededor del año 34 DC.

“El Camino” es la razón por la cual, después que Jesús regresara de entre los muertos (Hechos 1:15), la iglesia creció de ciento veinte a más de seis millones en el año 300 DC. Si las iglesias de hoy quieren convertirse en herramientas útiles para que el Espíritu haga crecer a la iglesia, deberían prestar atención al Camino – el Camino de Cristo, el Camino de los primeros misioneros: los Apóstoles.

Pero ¿qué es este “Camino”? ¿Qué tiene de distintivo? ¿Y por qué hablar de esto en un blog sobre los misioneros Perla y Nelson Rodríguez en los Estado Unidos? Porque el Camino es la base del trabajo de cada misionero cristiano.

Primero y más importante: es el Camino a la vida eterna. Está envuelto en el evangelio, en las palabras de San Pablo: “Ciertamente la gracia de Dios los ha salvado por medio de la fe. Ésta no nació de ustedes, sino que es un don de Dios; ni es resultado de las obras, para que nadie se vanaglorie.” Efesios 2:8-9

San Pablo continúa diciéndonos lo que eso significa para el modo en que los cristianos viven su amor a Dios y a los demás (1 Corintios 13:13): “Y ahora estos tres permanecen: fe, esperanza y caridad. Pero el mayor de estos es la caridad. ” “Caridad” (“caritas” en latín, “ágape” en griego) es una palabra mejor que “amor”. En nuestra cultura, el significado de la palabra “amor” se ha vuelto demasiado confuso para entender lo que decía San Pablo. La caridad está más cerca de lo que el apóstol-misionero quiso decir.

América una vez lo supo y lo celebró. A mediados del siglo XX pudimos escuchar la versión de Don Cornell de la canción de Dale Evans en cada estación de radio secular: “Fe, Esperanza y Caridad, esa es la forma de vivir con éxito. ¿Cómo lo sé? La Biblia me lo dice.”  ¡Cómo han cambiado las cosas!

La fe y la esperanza han sido dejadas de lado en nuestra cultura secular del siglo XXI; la caridad parece estar todavía de moda, aunque nos preguntamos por cuánto tiempo. Los misioneros de El Camino viven de tal modo que sus vidas dan testimonio del Dios que representan. Las vidas de Perla y Nelson  re presentan a Cristo a los pobres de Houston a través de la forma en que viven su fe, esperanza y caridad.

Después de que St. John Lutheran cerrara sus puertas, LINC (Lutheran Inner City Network Coalition) fue autorizado a utilizar el edificio. En 2005, Perla y Nelson vivían cómodamente en los suburbios. Ahora su fe sería probada. El Espíritu puso en sus corazones el convertirse en misioneros, ministrando a una comunidad creciente de inmigrantes jóvenes y pobres del centro de la ciudad de Houston.

Nelson, había sido un estudiante de la Biblia y luego un líder en su iglesia. Fue elegido para ingresar al Centro de Estudios Hispanos, un programa de tres años del Seminario Concordia de St. Louis. Es un programa de educación a distancia que conduce a la ordenación. Habría de ser misionero de LINC Houston.

Perla le preguntó al Director de LINC, Rev. Mark Junkans, qué papel podía desempeñar una mujer en la misión, y así conoció el programa para Diaconisas también dirigido por el Centro de Estudios Hispanos. Se convirtieron en un equipo, acercándose a su campo de misión como cualquier otro equipo misionero cristiano: estudiaron a su comunidad para ver cuál era la mejor forma de llevar allí el amor de Jesús.

Sin dejar sus trabajos seculares, se lanzaron al trabajo misional. Nelson continuó su trabajo como ingeniero químico mientras predicaba el Camino de Jesús, compartiendo y demostrando la esperanza que tenía como hijo de Dios. Dirigió las clases bíblicas de los miércoles y la adoración. Los misioneros de LINC financian su trabajo de misión.

Perla continuó trabajando como docente, a la vez que se convirtió en el rostro del ministerio en los vecindarios circundantes. De este esfuerzo nació una despensa de alimentos. Hoy, la despensa ayuda a alimentar a más de mil adultos y niños cada mes. Cuarenta voluntarios han expandido el alcance, la mitad desde dentro y la mitad desde fuera de la comunidad.

Algunos de los voluntarios son hombres del centro de rehabilitación al lado de la iglesia. Seis de los hombres del refugio pidieron ser bautizados y luego confirmados. La iglesia creció. El cincuenta por ciento de los miembros llegó a la fe a través de la caridad de los trabajadores de la despensa de alimentos.

Cuando planificamos la expansión de nuevas misiones tratamos de ser buenos administradores y considerar el costo, no sólo financiero, sino también físico y emocional. Planeamos, porque queremos ser fieles (Mateo 25:14-30). Pero permítanme sugerir que antes de todo esto, no en lugar de, sino antes, deberíamos considerar el Camino de la misión, el Camino de los apóstoles, el Camino de Cristo. Pregúntese: en su misión ¿ven los demás su fe, su esperanza, su caridad?

Luego agradezca a Dios porque ha aceptado el Camino de fe, esperanza y caridad perfectas de Jesús en el lugar de todos nuestros caminos imperfectos.

“Fe, esperanza y caridad. Esa es la forma de vivir con éxito. ¿Cómo lo sé?”

Robert Scudieri

Tr. Beatriz Hoppe

Para ver una breve introducción al video de la entrevista, haga click aquí.

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