A Missionary Should Be Surrounded

A Missionary Should Be Surrounded

Missionary to America Del Campbell

Right after Del Campbell graduated from Concordia Seminary he set out as a missionary to America – specifically, to build a mission field in Gary, Indiana. 

For those who don’t know, today the majority of seminarians graduate to be pastors – they will take care of an existing congregation. Only a few are sent out as missionaries. In time, as more and more of us recognize America as a world mission field, that will change. In the video interview I conducted with Del I asked, “What is the difference between a pastor and a missionary?” His response was, “A lot of traveling.” That was an important answer. Why? 

Del’s call was from the national church body, the Lutheran Church Missouri Synod, but he would report first of all to the local churches. This missionary carried a heavy burden: as Del said to me, “They are all watching!”

As any new missionary, or pastor, or teacher, Del Campbell wanted to succeed.  He was under pressure, pressure to grow St. John Lutheran in Gary as a mission field. The church had been establised by white, German Lutherans in the nineteeth century but now reflected its African American neighborhood. St. John’s neighborhood is rich with opportunity and talent, but not a lot of worshippers, and not a lot of money . 

Adequate funding would ultimately depend on being surrounded by churches who believe in the mission. This is not a bad thing.

In my experience, national and district mission agencies would tell congregations they were doing mission work “on behalf of” congregations; many times this ended up being “instead of” congregations.  Furthermore, too often missionaries were sent out alone, reporting many times to a supervisor who was hundreds of miles away. No matter how much that supervisor cared, they could not give the support needed at the start of a new mission.

Del’s role, the missionary role, is to surround the ministry with support from local churches. Inevitably, the missionary ends up doing “a lot of traveling,” visiting churches and calling on potential supporters. So far, Del’s traveling has paid off. A missionary should be surrounded.

Del is surrounded by partner churches eager to give support. Especially for the elementary school, shuttered for a generation. 

National executive Dr. Roosevelt Gray had suggested the new missionary contact churches in the area to ask for help. The surrounding churches “surrounded” the missionary and the old building with love, and hard work. They brought the building up to code.

The surrounding churches and supporters funded scholarships for students.  Today, more than fifty children attend the Christian school, something that would not have happened without the support of those churches.  But that was not the end.

Missionary Campbell has connected with other churches and other pastors in Gary. Together they address challenges facing most urban areas: drug abuse, poverty, ignorance, crime and hunger. The pastors surround their community with hope; Del is working hard to give a broader platform for the gospel to do its work. 

Furthermore, all along Del and St. John Lutheran have been surrounded by, as St. Paul writes, ” a cloud of witnesses” (Hebrews 12:1),

“Therefore, since we are surrounded by such a great cloud of witnesses, let us throw off everything that hinders and the sin that so easily entangles. And let us run with perseverance the race marked out for us, fixing our eyes on Jesus…” Hebrews 12:1-2a

Those “winteeses” are unseen, former heroes of faith who faced impossible challenges but witnessed the power and love of God. That same power is working today for Del Campbell in Gary, Indiana. They are watching!

 Most of all,  He is watching: Jesus, Who stands before God on our behalf, interceding for the church and the missionary, and for you and me. Missionaries should  not do their work alone. They should be surrounded. 

To see a two minute introductory interview with Missionary Campbell, click here.

To see the full, 17 minute interview, click here.

El Poder del Misionero

El poder del misionero

 

 

 

 

Cynthia – Misionera a los Estados Unidos (Por razones de seguridad, tanto de Cynthia como de su familia en Pakistán, no podemos mostrar su rostro ni revelar su nombre completo.)

Le pregunté a Cynthia, una de las nuevas misioneras a los Estados Unidos: “Después de veintitrés años de servir como misionera en los Estados Unidos, ¿qué consejo tienes para alguien que quiere compartir el amor de Dios con los musulmanes?” Su respuesta fue rápida y directa, producto de una narrativa de peligro para los cristianos en el Medio Oriente. Específicamente, el peligro con el que su familia y la familia de su esposo vivían todos los días que estuvieron en Arabia Saudita. Pero la historia comienza en Pakistán.

El abuelo de su esposo, un respetado médico y terrateniente, una mañana iba caminando a su oficina cuando, al pasar por una capilla cristiana, oyó hablar a un misionero estadounidense. Se detuvo un momento y escuchó estas palabras: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre, sino a través de mí.” La curiosidad lo hizo entrar y la Palabra que escuchó tuvo poder para cambiarle la vida.

En esos días, los cristianos y los musulmanes no se peleaban entre sí. Había respeto por la fe del otro. Pero eso cambió mientras Cynthia crecía. Durante la era de sus padres, Pakistán e India se habían dividido en una sangrienta separación. Cuando Cynthia era niña, un gobierno represivo llegó al poder en Pakistán, uno que ganó adeptos inculcando miedo al “otro”, en particular, miedo a los hindúes y a los cristianos. Los ataques a las casas de adoración cristianas se hicieron más comunes, al igual que las golpizas y el asesinato de líderes cristianos.

Cynthia se casó con un ingeniero cristiano. Ambos decidieron que tenían más futuro trabajando para una empresa petrolera árabe-estadounidense en Arabia Saudita, que quedándose en Pakistán. No es que Arabia Saudita aceptara más a los cristianos: la Meca y Medina, dos de los tres lugares más sagrados del Islam (la Mezquita de Al-Aqsa en Jerusalén, el lugar desde donde los musulmanes dicen que el Profeta Muhammad ascendió al cielo, completa el trío), se encuentran allí. Cuando el matrimonio se fue a Arabia Saudita, era ilegal entrar una Biblia al país y también tener o participar de un grupo de estudio bíblico. No sólo se les temía a los cristianos, sino también al poder de esa Palabra que venía con ellos. La respuesta de Cynthia a mi pregunta sobre su consejo para alguien que quiere compartir el amor de Dios con los musulmanes fue: “La Palabra de Dios tiene un gran poder”. Ella tuvo una experiencia personal que lo comprueba.

En Pakistán, Cynthia y su esposo habían crecido en una iglesia cristiana, pero no habían pasado mucho tiempo estudiando la Palabra de Dios. De todos los lugares, fue en un estudio bíblico clandestino en Arabia Saudita, donde tuvieron esa oportunidad. Un ingeniero de los Estados Unidos enseñaba a un grupo en la casa de uno de los cristianos pakistaníes. El estadounidense estaba explicando la gracia, la clase de gracia de la que habla San Pablo en Romanos 3:21-22: “Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, y de ello dan testimonio la ley y los profetas. La justicia de Dios, por medio de la fe en Jesucristo, es para todos los que creen en él.” Su esposo recuerda lo que sucedió a continuación de esta manera: Fue “como si de mis ojos cayeran escamas” (ver Hechos 9:18). La manera en que Dios reconcilia a las personas consigo no es a través de nada que ellos hayan hecho o pudieran hacer. Dios las reconcilia a través de la muerte y resurrección de Jesús, disponible para todos los que creen y son bautizados. ESA es una palabra poderosa y es el poder que los misioneros llevan con ellos.

Quizás haya sido porque estaban aprendiendo la Biblia ya de adultos, o quizás porque tenían que desobedecer las leyes saudíes para estudiar la Palabra en un grupo secreto. Sea lo que fuera, sus vidas habían cambiado. Fue en Arabia Saudita, después de escuchar esa Palabra, que decidieron que tenían que convertirse en misioneros a los musulmanes.

La Palabra es el poder del misionero; ella tiene el poder de matar y de resucitar. Había sido suficientemente poderosa como para que un médico, al pasar delante de una capilla en Pakistán, llegara a la fe en Jesús. Y fue suficientemente poderosa como para llegar a los corazones de dos pakistaníes que trabajan en Arabia Saudita y traerlos a los Estados Unidos para ser misioneros a los musulmanes.

Cynthia y su familia han comenzado más de veinte misiones de musulmanes en los Estados Unidos. Aun así, ella sabe que muchos más musulmanes llegarían a conocer a Jesús si todos los cristianos vieran como un privilegio el llevar la Palabra poderosa a quienes aún no han escuchado: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino a través de mí.”

Casi al final de nuestra entrevista, Cynthia compartió un consejo para quien quiera compartir el amor de Dios con los musulmanes: “¡Dígales, por favor, que tomen la iniciativa y hagan un primer contacto! Extiendan una mano y hablen con ellos. Háganles preguntas en forma amistosa: ¿De dónde eres? ¿Qué necesitas? ¿Qué preguntas tienes? ¿Has oído hablar del Salvador Jesús? Y luego dejen que el poder de la Palabra haga su trabajo.”

Para ver la entrevista con Cynthia de 20 minutos haga clic aquí

Para ver una introducción de la historia de 2 minutos haga clic aquí

THE MISSIONARY’S POWER

The Missionary’s Power

Missionary to America Cynthia (We cannot show Cynthia’s face, or reveal her full name, for fear that she, or her family in Pakistan would be harmed.)

I asked Cynthia, one of the  new missionaries to America, “After twenty three years of serving as a missionary to America, what advice do you have for someone who wants to share God’s love with Muslims? Cynthia’s answer was quick, and to the point. Her answer came out of a narrative of  danger for Christians in the Middle East, specifically, the danger her and her husband’s families lived with every day during the time the two of them spent in Saudi Arabia. But the story begins in Pakistan.

Her husband’s grandfather, a respected land owner and doctor, was walking to his office one morning when, passing by a Christian chapel, he heard from inside the voice of a missionary from America; he stopped for a moment to listen and heard these words: “I am the Way, the Truth and the Life. No one comes to the Fahter but through me.” Curious, he stepped inside, and the Word he  heard had the power to change his life.

In those days Christians and Muslims did not fight each other. There was respect for the other’s faith. That changed while Cynthia was growing up. During her parents’ era Pakistan and India had divided in a bloody separation. When Cynthia was a child a repressive government came to power in Pakistan, one that won converts by stirring up fear of the “other,” in particular, fear of Hindus, and Christians.  Attacks on Christian houses of worship became more common, along with the beating and murder of Christian leaders. 

Cynthia married a Christian professional, an engineer. Both decided they had more of a future working for an Arab American Oil firm in Saudi Arabia than staying in Pakistan. Not that Saudi Arabia was more accepting of Christians. Two of Islam’s three most holy sites are in Saudi Arabia, Mecca and Medina (the Al-Aqsa Mosque in Jerusalem, the place from which the Prophet Muhammad is said by Muslims to have ascended to heaven, completes the trio). When husband and wife went to Saudi Arabia it was against the law to bring a Bible into the country. Bible Study in a group was also outlawed. There was not just fear of Christians, but fear of the power of that Word that came with them. Cynthia’s answer to my question about her advice for someone who wants to share God’s love with Muslims was, “The Word of God has great power.” She had a personal experience to back that up.

In Pakistan Cynthia and the Christian she married had grown up in a Christian church, but had not spent a lot of time studying God’s Word. Of all places, it was in Saudi Arabia, in a clandestine Bible Study, that they had that opportunity. An engineer from America taught a group in the home of one of the Pakistani Christians. The American was explaining grace, the kind of grace St. Paul talks about in Romans 3:21, “And now a righteousness apart from the law has been made known. The law and the prophets give witness to it, but God puts people right, through their faith in Jesus Christ.” Her husband remembers what happened next in this way:  It was “Like scales falling from my eyes.” ( see Acts 9:18).  God’s way of putting people right with Himself was not through anything they had done or could or would do – God has put people right, through the death and resurrection of Jesus, for all who believe and are baptized.  THAT is a powerful Word. It is the power missionaries take with them. 

Maybe it was because they were getting into the Bible as adults, or maybe because they had to disobey the Saudi laws to study the Word in a secret group, whatever it was, their lives were turned around. It was in Saudi Arabia, after hearing that Word, that they decided they had to become missionaries to Muslims. 

The Word is the Missionary’s power – it has the power to kill, and to make alive. It was powerful enough to bring a physician, passing by a chapel in Pakistan, to faith in Jesus. It had the power to reach into the hearts of Pakistanis working in Saudi Arabia and bring them to the United States to be missionaries to Muslims. 

Cynthia and her family have begun more than twenty missions to Muslims in America. Even so, she knows that more Muslims will be brought to know Jesus if all Christians would see it as a privilege to bring the powerful Word to people who have not heard ““I am the Way, the Truth and the Life. No one comes to the Fahter but through me.”

Near the end of our interview, Cynthia ex[amded on the advice she had for someone who wanted to share God’s love with Muslims: “Tell them, please, take the initiative and make a first contact! Extend a hand to anyone and talk to them. Ask them friendly questions, like, Where are you from? What do you need? What questions do you have? And, have you heard about the Savior, Jesus?” Then, let the power in the Word do its work. 

To see the full 20 minute video interview with Cynthia, click here.

To see a short, two minute introductiory video to Cynthia’s story, click here.

To see the biographies of several missionaries to America, click here.

Paciencia: Una virtud misionera

Paciencia: Una virtud misionera

Misionero a los Estados Unidos Lang Yang

“Pero el Espíritu Santo produce este tipo de fruto en nuestras vidas: amor, alegría, paz, paciencia …”

“¿Cuál es la lección más importante que ha aprendido como misionero hmong en América?”. Esa es la pregunta que le hice al reverendo Lang Yang al final de su entrevista en video. La respuesta vino de su corazón: “paciencia”. La paciencia es probablemente la virtud más importante de un misionero. La historia de Lang así lo confirma.

El Rev. Yang nació en Laos durante la Guerra de Vietnam. Su familia era hmong y su padre un guerrillero de los Estados Unidos. Después que los norteamericanos fueran derrotados, Lang, de tres años, y su familia, escaparon en bote y se dirigieron a un campamento de refugiados en Tailandia. No tiene muchos recuerdos de ese tiempo, pero sí tiene imágenes de las balas que rompían el agua alrededor del bote y del miedo palpable que se sentía mientras las personas se desangraban y morían. Eso lo preparó para su tiempo en el campamento de refugiados.

Poco después de llegar al campamento en Tailandia, los padres de Lang tuvieron la oportunidad de venir a los Estados Unidos, pero no pudieron traer a los niños. La hija mayor, de catorce años, se convirtió en madre de Lang y de sus dos hermanos. Así aprendieron a tener paciencia. Los niños pasaron cuatro años más en el campamento. La comida escaseaba. Por la noche Lang atrapaba ratas y durante el día grillos, para tener proteínas. Oración y paciencia.

Hubo una gran bendición en el campamento. Los hmong son tradicionalmente animistas, pero en el campamento había un servicio cristiano de adoración, y un amigo del campamento invitó al joven Lang Yang a que fuera con él. Lang llegó a conocer a Jesús, de niño, en un campo de refugiados en un país extranjero.

Para su hermana mayor se encontró un padrino, pero no había manera de que los otros niños la acompañaran. Se necesitaba paciencia y oración. La hermana de Lang fue traída a América por una iglesia en Carolina del Norte. No mucho después, ella convenció a la iglesia para que enviara a buscar a sus hermanos. A los once años, en la escuela por primera vez, Lang ingresó en cuarto grado sin saber inglés. Paciencia. Aprendió rápidamente, y rápidamente se convirtió en intérprete para el pastor de la iglesia en el ministerio para los refugiados hmong.

Lang salteó sexto grado y luego noveno. A los dieciocho años se graduó de la escuela secundaria y por primera vez escuchó en su corazón el llamado del Señor a trabajar en la iglesia a tiempo completo. Su corazón dijo que sí, pero su cabeza dijo que no. En cambio, comenzó a entrenarse para convertirse en policía y fue contratado como alguacil adjunto en Carolina del Norte. Fue entonces cuando rechazó por segunda vez la llamada al ministerio a tiempo completo. “No Dios, no ahora. Tengo una familia joven para sustentar.”

En el medio oeste hay una gran presencia hmong. En los tumultuosos años setenta, muchas iglesias en Minnesota, Wisconsin y Michigan patrocinaron a refugiados. Gran parte de la vida de los hmong está determinado por un sistema rígido de clanes. Esos lazos llevaron a la joven familia Yang a Michigan. Lang tomó el liderazgo en un restaurante familiar. Se dice que “la tercera es la vencida” y, con el restaurante establecido, el llamado al ministerio volvió a Lang Yang. Pero no fue la paciencia de lo que lo llevó al trabajo misional. San Pedro nos dice: “El Señor no se tarda para cumplir su promesa, como algunos piensan, sino que nos tiene paciencia y no quiere que ninguno se pierda, sino que todos se vuelvan a él” (2 Pedro 3: 9).

Lang ingresó al Instituto de Teología de Inmigrantes Étnicos y pasó cuatro años como trabajador bi-vocacional: ganándose la vida, siendo padre y esposo y estudiando teología. Sabía que al final del programa no recibiría un título avanzado, pero su profundo deseo era ser habilitado para predicar públicamente y enseñar las buenas nuevas del amor de Dios. Y lo ha hecho: como misionero cristiano visita todos los festivales culturales hmong, mostrando el amor de Dios a la mayoría de los hmong que aún son animistas.

Lo ha hecho como capellán para el Departamento del Alguacil del Condado de Tuscola, como capellán para el municipio de Dinamarca y como capellán para la patrulla aérea civil. Como el actual presidente de la Sociedad Misionera Hmong, brinda apoyo a veintitrés pastores y dieciocho misiones en todo Estados Unidos, llevando las buenas nuevas de un Dios que ama a todas las personas, todas las familias, todos los clanes.

En la entrevista, el Rev. Yang describió haber compartido a Jesús con una señora hmong mayor. Durante toda su vida ella le había dado la espalda a todos los intentos de llevarla a Cristo. Las “balas” espirituales de sus creencias animistas la asustaban, manteniéndola fuera del agua del bautismo.

Pero Dios fue paciente. Cuando tenía noventa años, la Palabra de Dios rompió sus miedos y la llevó a Jesús, y así ella entró en la seguridad del amor de Dios a través del agua bendita del bautismo. Una de las mayores alegrías del Rev. Lang Yang fue poder dirigir la celebración de su entrada, cuando tenía noventa y nueve años, al lugar de descanso de todos los refugiados: el reino eterno de Dios.

El Señor encontrará y refinará a aquellos a quienes quiere que le sirvan. Se requiere paciencia, y la paciencia es algo que se puede enseñar. Pero, en definitiva, es un don del Espíritu. La buena noticia es que la paciencia de Dios es eterna.

Para ver una breve introducción a la entrevista con el Rev. Yang, haga clic aquí

Para ver la entrevista de diecinueve minutos haga clic aquí

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PATIENCE: A MISSIONARY VIRTUE

Patience: A Missionary Virtue

Missionary to America Lang Yang

“But the Holy Spirit produces this kind of fruit in our lives: love, joy, peace, patience…”

“What is the biggest lesson you’ve learned as a Hmong missionary to America?” That is the question I asked Rev. Lang Yang near the end of his video interview. His answer came from his  heart: “patience.”  Patience is one, maybe the one most important virtue of a missionary.  Lang’s history bears this out. 

Rev. Yang was born in Laos during the Vietnam War.  His family was Hmong, and his father a guerilla fighter for the United States. After the defeat of the Americans, three year old Lang and his family escaped by boat, headed for a refugee camp in Thailand.   He does not remember much about that time, but he does have haunting images of bullets breaking the water around the boat, and palpable fear, as people bled, and died. That was preparation for his for time in the refugee camp.

Not long after arriving at the camp in Thailand, Lang’s father and mother had the chance to go to America. They could not take the children. Lang’s fourteen year old sister became mother to Lang and his two brothers. They learned patience. The children spent four more years in the camp. Food was scarce. At night Lang trapped rats, and during the day caught crickets, so they would have protein. Prayer and Patience.

There was one great blessing in the camp.  The Hmong are traditionally animists, but here was a  Christian worship service in the camp, and a friend in the camp invited young Lang Yang to worship.  He came to know Jesus, as a  child, in a refugee camp in a foreign country.  

A sponsor was found for his older sister but there was no way for the other children to go with her; patience and prayer were needed. Lang’s sister  was brought to America by a church in North Carolina.  Not long after, she convinced the church to send for  her siblings. At eleven years old, in school for the first time, he entered fourth grade, and knew no English. Patience. He learned quickly, so quickly he became an interpreter for the church’s pastor in the church’s ministry to Hmong refugees.

Lang skipped sixth grade, then ninth grade. At eighteen, he graduated high school and for the first time heard in his heart the Lord’s call to full time church work. His heart said yes, his head said no.  Instead, he entered training to become a policeman, and was hired as a deputy sheriff in North Carolina. That is when he turned down the call to full time ministry a second time. “No God, not now. I have a young family, I have to support them.” 

There is a large Hmong presence in the Midwest. Many churches in Minnesota, Wisconsin and Michigan sponsored refugees in the tumultuous 1970s. A rigid  system of clans determines much of life for Hmong people. Those ties brought the young Yang family to Michigan. Lang took leadership in a family restaurant. They say the third time is the charm – and, with the restaurant established, the call to ministry came again to Lang Yang. It was not Lang whose patience brought him into mission work.  St. Peter tells us, “The Lord is not slow to fulfill his promise as some count slowness, but is patient toward you,not wishing that any should perish, but that all should reach repentance.” ( 2 Peter 3:9). 

Lang entered the Ethnic Immigrant Institute of Theology, and spent four years as a bi-vocational worker, earning a living, being a father and a husband and studying theology. He knew he would not receive an advanced degree at the end of the program, but his deep desire was to become qualified to publicly preach and teach the good news of God’s love. He has done that – as a Christian missionary he visits all the Hmong cultural festivals, demonstrating God’s love to the majority of Hmong who are still animists. He has done this as a chaplain for the Tuscola County Sheriff’s Department, as a Chaplain for Denmark Township, and as Chaplain for the Civil Air patrol. As the current president of the Hmong Mission Society he gives support  to twenty three pastors and eighteen missions across America bringing the good news of a God who loves all people, all families, all clans.

In the interview, Rev. Yang described sharing Jesus with one older Hmong woman.

For a lifetime she had turned her back on all attempts to bring her to Christ. Spiritual “bullets” from her animist beliefs frightened her, keeping her out of the water of baptism. But God was patient. Then, when she was ninety years old, the Word of God broke through her fears and brought her to Jesus; she entered the safety of God’s love through the  holy water of baptism. One of Rev. Lang Yang’s greatest joys was in this woman’s ninety ninth year, when he led the celebration of her entrance into the resting place of all us refugees, God’s eternal kingdom. 

The Lord will find and refines those He wants to serve Him. Patience is required, patience can be taught, but finally, it is a gift of the Spirit. The good news is, God’s patience is eternal. 

To see a short introduction to the video interview with Rev. Yang, click here.

To see the full nineteen minute video interview, click here.

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Donde ser pastor es un trabajo nocturno

Donde ser pastor es un trabajo nocturno

“Nosotros no encontramos misioneros. ¡Ellos nos encuentran a nosotros!” Dominic Rivkin  

Dominic Rivkin se graduó del Seminario de Concordia no como pastor, sino como misionero. Sólo seis de sus compañeros habían completado la “formación misionera”: tres para el campo misionero en el extranjero y tres para los Estados Unidos. Actualmente, es el director de LINC en Los Ángeles, una ciudad multirracial y multicultural, con múltiples misiones y oportunidades.

Para muchos, el ser “misionero en los Estados Unidos” suena extraño, aunque no debería. Mi propia denominación, el Sínodo de la Iglesia Luterana de Missouri, se ha reducido en 500,000 miembros (de un total de 2.6 millones) y se espera que perdamos otras 500,000 almas. Ninguna denominación en los Estados Unidos tuvo más miembros en el último censo que en el anterior. Le pregunté a Dominic cuál es su mayor desafío. Así respondió: “Las iglesias establecidas no lo entienden. Entienden la misión como algo que se hace “allá”, fuera de los Estados Unidos. No ven a Estados Unidos como el campo misionero que es hoy. Incluso si lo hacen, les resulta muy difícil cambiar y convertirse en una base misionera”.

El cambio, por supuesto, está viniendo. Se puede ver en la forma en que LINC (Lutheran Innercity Networking Coalition) hace su trabajo misional en el siglo XXI en los Estados Unidos. Los misioneros de LINC son diferentes, no sólo en la forma en que llevan a cabo su ministerio, sino también en la forma en que son reclutados y en que reciben apoyo. Podemos aprender algo de esto.

En otro blog hablaremos más acerca de la misionera de LINC Stella Yau. Stella nació en Hong Kong. Su pastor en Hong Kong fue el misionero Will Holt. De niña, Stella vio la misión en acción y ésta impregnó su alma, se convirtió en parte de ella. Cuando China estaba a punto de recuperar Hong Kong de los británicos su familia emigró a San Francisco, donde el misionero Holt había ido a comenzar a trabajar entre miles de chinos que eligieron vivir allí.

Stella y su familia se unieron a la misión. Esto no es inusual. Durante más de un siglo, la LCMS ha estado enviando misioneros al extranjero. Hoy, los hijos y nietos de aquellos que nuestros misioneros en el extranjero habían convertido están devolviendo el favor, al venir a Estados Unidos como misioneros.

Stella tuvo una buena educación en los Estados Unidos, se graduó de la universidad y podría haber ganado mucho dinero trabajando fuera de la iglesia. Sin embargo, su pasión por la misión la distrajo. Y luego encontró a LINC. Hoy es misionera a los inmigrantes asiáticos en Los Ángeles.

Dominic dice: “No encontramos misioneros, ellos nos encuentran a nosotros”. Como director, Dominic recibe un salario. Su llamado es a involucrarse en la ciudad, observar los nuevos ministerios que vayan surgiendo, compartir el ministerio de LINC y estar abierto a crear nuevas asociaciones. Inevitablemente, entra en contacto con personas locales quienes, movidas por el Espíritu Santo, comenzaron un ministerio evangelístico cristiano. Algunos toman la iniciativa y se ponen en contacto con LINC para buscar apoyo, y LINC acepta a aquellos cuya pasión es llegar a la comunidad, a los líderes misionales empresariales y a las mujeres y hombres de gran fe.

LINC comenzó con el fin de apoyar a misioneros-empresarios, personas que han iniciado un ministerio y necesitan ayuda para continuar y hacer crecer la misión. Cuando Dios envía a esa persona a LINC no se le da un salario, pero sí apoyo: ayuda para ser autorizado para el ministerio público, apoyo de un círculo de misioneros de ideas afines y ayuda de iglesias establecidas.

 “La capacidad de obtener un título de educación superior no es una calificación bíblica. Son cuatro personas en un barco de pesca con un mentor” (Dominic Rivkin). En el occidente hemos puesto demasiado énfasis en los títulos de educación, y no lo suficiente en el llamado. Si observamos un seminario tradicional, los estudiantes provienen de entornos privilegiados: han sido preparados para servir en una congregación establecida, con un salario y planes de salud y jubilación.

Han demostrado ser buenos estudiantes. Esto, en mi opinión, está bien para los pastores que pasan la mayor parte del tiempo cuidando a un grupo ya reunido. Pero para alguien que va a un lugar donde no ha habido un testimonio cristiano, los dones y talentos son diferentes. Ellos tienen que renunciar a muchos privilegios.

Mientras que una buena base en la doctrina es esencial, otro requisito también esencial para los misioneros es que hayan demostrado que pueden comenzar algo nuevo desde cero, que están tan motivados por la pasión de compartir el amor de Jesús con los demás, que sacrificarán cualquier cosa por ello. Durante el día, el misionero trabaja para ganarse la vida, preferiblemente en un ministerio que les permita involucrarse en su vecindario y dar testimonio. Ser pastor en un campo misionero es su trabajo nocturno. Estos misioneros evitan el privilegio: El Señor se burla de los burlones, pero brinda su favor a los humildes(Proverbios 3:34).

Por supuesto que todavía necesitamos pastores, aquellos que representan a Jesús en una comunidad de cristianos. Las congregaciones fuertes brindan apoyo a las nuevas expresiones de alcance evangelístico. Los pastores son vitales para dar liderazgo misional. Pero me pregunto cuántos pastores y misioneros contemporáneos irían al seminario para trabajar como misioneros de LINC entre los estadounidenses sin iglesia. Quizás algunos pescadores, o un recaudador de impuestos, o un fariseo. O un misionero de LINC Los Ángeles. Así como Jesús. También sé que Jesús pagó el precio por nuestra incapacidad de sacrificar todo, ¡y que lo hizo por nosotros!

No sé la respuesta sobre cómo ayudar a cada iglesia a comprender que ministramos en un campo misional. No sé cuántas iglesias podrán cambiar su enfoque para llevar a Cristo a la ciudad, al suburbio o a la América rural. Pero tengo confianza en que el cambio ha comenzado. Digo esto porque he conocido a Dominic Rivkin, a Stella Yau y a Jesús.

Para ver el video de la entrevista con Dominic, hacer clic aquí

Para ver una breve introducción al ministerio de Dominic, hacer clic aquí

Where Being a Pastor is A Night Job

Where Being a Pastor is A Night Job

” We don’t find missionaries, they find us!” Dominic Rivkin

Dominic Rivkin graduated from Concordia seminary not as a  pastor, but as a missionary, a missionary to America. Only six of the graduates of his seminary class had completed the “Missionary Formation Track,” three for traditional missionary overseas work and three for the mission field of America. He is now the director of LINC in Los Angeles – a multi-racial, multi-cultural, multi- mission-opportunity city.  

To many, “missionary to America” sounds strange. It shouldn’t. My own denomination, the Lutheran Church Missouri Synod has declined by 500,000 members from our high of 2.6 million members – and we are expected to lose another 500,000 souls. Not one denomination in America showed more members in the last census than it had in the previous.  I asked Dominic what his biggest challenge is. He replied, “Established churches don’t get it. They understand mission as something that is done ‘over there,’ outside the United States. They don’t see America as the mission field it is today. Even if they do, they find it very difficult to change and become a mission base.”

Change is, of course, coming – you can see the change in how LINC (Lutheran Innercity Networking Coalition) does mission work in twenty-first century America. LINC missionaries are different, not only in how they carry on their ministry, but how they are recruited and how they are supported. We can learn something from this.

You will hear in a later blog about the LINC missionary Stella Yau. Stella was born in Hong Kong. Her pastor in Hong Kong was the missionary Will Holt. As a girl Stella saw mission work in action; it permeated her soul, became part of who she was. When China was about to take back Hong Kong from the British, her family emigrated to San Francisco – where Missionary Holt had gone to begin work among thousands of Chinese who chose to live in the West.

Stella and her family joined the mission. This is not unusual. For over a century the LCMS has been sending missionaries overseas. Today the daughters and granddaughters and sons and grandsons of those our overseas missionaries had converted are returning the favor, by coming to America as missionaries. 

Stella had a good education in America, graduated from college and could have earned a lot of money working outside the church. However, that mission passion distracted her. And then she found LINC. Today she is a missionary to Asian immigrants in Los Angeles. 

Dominic says “We don’t find missionaries, they find us.” As director, Dominic is paid a salary. His calling is to be involved in the city, observe new ministries springing up, share LINC’s ministry, and be open to partnerships. Inevitably he comes in contact with local people who were impelled by the Holy Spirit to begin some Christian outreach. A few will take initiative and contact LINC to find support. LINC accepts those who have a passion to reach the community, entrepreneurial mission leaders, women and men of great faith.

LINC was begun to support the missionary-entrepreneurs, someone who has started a ministry and needs help to continue and grow the mission. When God sends that person to LINC they are not given a salary, but they are given support – help to be authorized for public ministry, support from a circle of like-minded missionaries, and help from partnerships with established churches. 

“The ability to get a higher education degree is not a Biblical qualification. It’s four guys in a fishing boat with a mentor” (Dominic Rivkin). In the West, we have put too much emphasis on education degrees, and not enough on calling.  If you look at a traditional seminary, students come from privileged backgrounds: they have been prepared to serve in an established congregation, with a salary and health and retirement plans.

They have proven they know how to be good students. This, in my opinion, is fine for Pastors, who spend most of their time caring for a group already gathered. The gifts and talents are different for someone who goes into a place where there has been no Christian witness. They give up many privileges.

While a good grounding in doctrine is essential, an equal requirement for a missionary is they have shown they can begin something new, starting from the ground up. They are so driven by a passion to share Jesus’ love with others they will sacrifice anything.  During the day the missionary works to earn a living, preferably in a ministry that will allow them to be involved in and witness to their neighborhood.  Being a pastor on a mission field is their night job. These missionaries eschew privilege:  All of you, clothe yourselves with humility toward one another, because, “God opposes the proud,  but shows favor to the humble.” (Proverbs 3:34).

Of course, we still need pastors, those who re-present Jesus to a gathered community of Christians. Strong congregations will provide support to new expressions of outreach. Pastors are vital in giving missional leadership. But  I wonder how many contemporary pastors, and missionaries, would have applied to seminary to work as LINC missionaries among unchurched Americans.  Maybe some fishermen, or a tax collector, or a turncoat Pharisee.  Or a missionary from LINC Los Angeles. Just like Jesus. I also know Jesus paid the price for our inability to sacrifice everything, and that He did this for us!

I do not know the answer to how to help every church come to understand we minister on a mission field. I do not know how many churches will be able to change their approach to bringing Christ to the city, or the suburb, or rural America. But I do have confidence that the change has begun. I say this because I have met Dominic Rivkin, and Stella Yau, and, Jesus. 

To view the full video interview with Dominic, click here.

To view a short introduction to Dominic’s ministry, click here.

¿Bosnios en una liga de fútbol mexicana?

¿Bosnios en una liga de fútbol mexicana?

Rev. Tony Boos – Misionero a los Estado Unidos

¿Cuáles son las probabilidades de que un niño nacido en una choza nipa en las Filipinas termine jugando al fútbol con bosnios en una liga de fútbol mexicana en St. Louis, Missouri? La respuesta: 100% cuando es el Señor quien hace el “tiro de entrada” que envía la pelota de fútbol hacia el arco. El objetivo de Dios siempre es lograr 100 de 100. Así ha sido con el Rev. Tony Boos.

Tony vivió la primera parte de su vida en Filipinas en una cabaña nipa.

   

Cuando tenía cuatro años, su madre se mudó con su padre estadounidense a St. Louis, Missouri, donde Tony creció y fue a la escuela. Fue titular por cuatro años en su equipo universitario. El fútbol que aprendió en las Filipinas fue su mayor pasión,

hasta que conoció y se enamoró de Jennifer, quien le presentó un amor aún más grande: el amor de Jesús.

Tony y Jennifer se casaron, formaron una familia y se involucraron mucho en su iglesia. El estudio de la Biblia acercó a Tony al Señor. El Rev. Greg Smith vio algo en su nuevo discípulo, y así Tony se convirtió en líder de un pequeño grupo de estudio bíblico en un hogar. Tony admiraba al Rev. Smith, en quien encontró sabiduría y dedicación.

El joven encontró un buen trabajo en el aeropuerto, y nunca pensó irse a ningún otro lugar. Pero un día, de la nada surgió lo que se conoce en el fútbol como el “Hollywood Pass”: algo tan improbable, que sólo sucede en las películas. El Hollywood Pass de la familia Boos llegó cuando, en una conversación, el pastor le preguntó a Jennifer: “¿Ha pensado alguna vez Tony en ir al seminario?” Ella no lo sabía; nunca lo habían discutido. Por otro lado, y sin que ella lo supiera, una voz le dijo a Tony: “¿Por qué no te haces pastor?” La idea le inquietó. ¿De dónde había venido eso? Cuando unos días después Jennifer le mencionó la pregunta del pastor, comenzaron a conversar seriamente, oraron, hablaron con amigos, y finalmente decidieron que el Señor los estaba llamando al ministerio. Pero no de la manera que ellos imaginaban.

A veces Dios nos da una idea clara de dónde quiere que sirvamos; otras veces nos da experiencias, oportunidades repentinas que nos hacen pensar y hacen que nos volvamos a él para poder comprender. Tony planeaba ser pastor, así como el pastor a quien tanto admiraba. Pero en una clase de misión en el seminario, el Prof. Henry Rowald desafió a los alumnos a escuchar lo que el Rey Salomón dice en 1 Reyes 8:41a, 43a: “En cuanto al extranjero que no es de tu pueblo Israel… haz conforme a todo lo que el extranjero te pida, para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu nombre…”.

“Haz conforme a todo lo que el extranjero te pida”. Tony tenía esa frase grabada en su mente cuando un pequeño grupo de niños bosnios inmigrantes le preguntó: “¿Nos puedes ayudar con un equipo de fútbol y camisetas?” Su primer pensamiento fue: “¿Cómo podría hacerlo? ¡Estoy ocupado con los estudios y no tengo dinero extra para apoyar un equipo de fútbol juvenil!” “Haz conforme a todo lo que el extranjero te pida.” Y ellos estaban pidiendo.

En St. Louis hay sesenta mil inmigrantes bosnios que han pasado por horrores indescriptibles. La gran mayoría son musulmanes.

   

Se dedicó con pasión a mostrar a los musulmanes el amor de Jesús. Consiguió donaciones para el equipo de fútbol y se convirtió en su entrenador. También entró en un equipo de fútbol de Bosnia, el único equipo europeo que juega en una liga de fútbol mexicana, lo que le permitió conocer y hacerse amigo de adultos bosnios.

Su pasión lo impulsó a aprender todo lo que pudo en el seminario, porque sabía que el Señor lo estaba llamando a ser misionero, misionero a los musulmanes. Después de la graduación, Tony fue llamado por la iglesia para trabajar entre los musulmanes en St. Louis. En conjunto con varias iglesias cristianas, ayudó a comenzar clases de inglés como segunda lengua, clases de ciudadanía y un círculo de costura donde las mujeres se podían reunir para encontrar paz y para conversar. Las iglesias proveían voluntarios para ayudar a los inmigrantes,  espacios donde recordar y celebrar sus fiestas significativas y también formas de conocer el perdón y el amor de Dios. Esas iglesias fueron un recurso indispensable.

Algunas de las mujeres nunca habían podido compartir sus experiencias en sus países de origen: algunas habían sido torturadas y habían perdido todo. Seis mujeres, que habían sufrido mucho en Iraq, formaron un grupo especial. La posibilidad de expresar su dolor en voz alta les ayudó en el proceso de sanación.

Los hombres mayores, que habían sido profesionales y tenían buenos empleos en Bosnia, hablaron sobre el resentimiento que sentían por tener que comenzar de nuevo en una nueva tierra haciendo trabajos domésticos. Tony se sentaba con ellos a tomar café, los escuchaba y lloraba con ellos. También contactó a un profesor de árabe para que enseñara clases de Biblia a los inmigrantes a través de Skype.

Algunas familias estaban interesadas en estudiar la Biblia, porque querían ver lo que la Palabra de Dios decía sobre Jesús. A veces había fuertes “discusiones” y hasta desacuerdos. Pero quienes buscaban conocer a Jesús, encontraban paciencia, amor y verdad. En seis años hubo doce bautismos.

Nuevas restricciones han obstaculizado la inmigración de refugiados musulmanes. En cierto modo, es una pena. Incapaces de escuchar el Evangelio libremente en su tierra natal, los musulmanes que llegan a los Estados Unidos tienen dificultades para no oír hablar de Jesús.

¿Bosnios en una liga de fútbol mexicana? “En cuanto al extranjero que no es de tu pueblo Israel… haz conforme a todo lo que el extranjero te pida, para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu nombre…”.

Para ver una parte de la entrevista con el misionero Boos, haga clic aquí

Para ver todo el video de la entrevista, haga clic aquí

Robert Scudieri

Tr. B. Hoppe

 

BOSNIANS IN A MEXICAN SOCCER LEAGUE?

Bosnians in A Mexican Soccer League?

Missionary to America Rev. Tony Boos (Sounds like “Bose”)

What are the odds that a boy born in a nipa hut in the Philippines would end up playing soccer with Bosnians in a Mexican soccer league in St. Louis? The answer: 100%, if the Lord was executing an “inswinging pass.” The inswinging kick arches the soccer ball towards a goal. God’s aim is always 100 out of 100.  Ask Rev. Tony Boos.

Tony lived the early part of his life in the Philippines in a nipa hut. 

When he was four years old his mother moved with his American father to St. Louis, Mo. where Tony grew up and went to school. He was a four year starter on his college team.The soccer he learned in the Philippines was his greatest passion, until he met and fell in love with Jennifer.Image result for tony and jennifer boos She introduced him to a greater love, the love of  Jesus. 

Image result for tony boos soccer imagesTony and Jennifer were married, started a family, and became very involved in their church. Bible study pulled Tony closer to the Lord. Pr. Greg Smith saw something in his new disciple. Tony became the leader of a small home Bible study group. Tony looked up to Pr. Smith, someone in whom he found wisdom and concern. 

The young man found a good job at Lambert Field, never expecting to want to go anyplace else. But then, out of nowhere, came what’s known in soccer as the “Hollywood Pass,” an improbable play that is so impossible it only happens in the movies. The Boos family’s Hollywood Pass came when Jennifer was speaking with their pastor who asked, “Has Tony ever thought about going to seminary?” She didn’t know; they had never discussed it. Unknown to Jennifer, out of the blue Tony heard a voice, “Why not become a pastor?” He was unsettled by the idea, wondering “Where did that come from?” When a few days later Jennifer mentioned their pastor’s question, they began a serious discussion. They prayed. They talked with others. And they decided the Lord was calling them into ministry. But not in the way they imagined.

Sometimes God gives us a clear idea of where He wants us to serve; other times he plants experiences, sudden opportunities that make us think, and cause us to turn to Him for understanding. Tony planned to be a pastor, to take up the mantle of the pastor he admired so much. Then, in a seminary class on mission, Prof. Henry Rowald raised the class consciousness when he challenged them to hear what King Solomon was saying in    1 Kings 8: 41-43, “As for the foreigner in the land who does not know your people… do whatever the foreigner asks, so that your Name may be known among them.” 

“Do whatever the foreigner asks.” Tony had that phrase in his head when a small group of immigrant Bosnian children asked him, “Hey, can you help us with a soccer team and jerseys?” His first thought was, “How could I do that? I’m busy in school, I don’t have extra money to support a kids’ soccer team!” “Do whatever the foreigner asks.” Well, they were asking.

There are sixty thousand Bosnian immigrants in St. Louis. These immigrants had come through unspeakable horrors. The great majority are Muslim. Related image

 He became passionate about showing Muslims the love of Jesus. He found donations for the kids’ soccer team, and became their coach. He tried out for a Bosnian soccer team, the only European team playing in a Mexican soccer league. It was a great way to know and befriend Bosnian adults. 

His passion gave him greater purpose to get all he could out of seminary, because he knew the Lord was calling him to become a missionary, a missionary to Muslims. After graduation Tony was called by the church in St. Louis to work among Muslims. Partnering with various Christian churches, he helped begin English as a second language class, citizenship classes, a sewing circle where women come come together to find peace, and to talk. The churches provided volunteers to assist and mingle with the immigrants, providing places for them to remember and celebrate festivals dear to them; and ways to know the forgiveness and love of God. Those partner churches were an indispensable resource.

Some of the women had never been able to share stories about their experiences back home – some had been tortured, and lost everything.  Six women who had suffered greatly in Iraq formed a special group. There was healing in the opportunity to speak their pain out loud.

Older men who had been professionals and had good jobs in Bosnia talked about their resentment at having to start over in a new land doing menial labor. Tony could sit with them, drink coffee and  listen to them, and shed tears with them. Tony contacted an Arabic speaking professor to teach Bible classes to the immigrants via Skype.

Some families were interested in studying the Bible, to see what God’s Word said about Jesus. There were loud “discussions” at times, even disagreements. But those who were seeking to know Jesus would find patience, love and truth. In six years there were twelve baptisms. 

New restrictions have hampered the immigration of Muslim refugees. In some ways that is a shame. Unable to hear the gospel freely in their homelands, Muslims who come to the Untied States have difficulty not hearing about Jesus. 

Bosnians in a Mexican Soccer league? “As for the foreigner in the land who does not know your people… do whatever the foreigner asks, so that your Name may be known among them.” 

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LA FORMACIÓN DE UN MISIONERO: Misioneros en América

LA FORMACIÓN DE UN MISIONERO: Misioneros en América

Los hermanos crecieron en una familia cristiana próspera en Pakistán. La familia Khan era propietaria de una fábrica de algodón y un pequeño molino de aceite. Llevaban una vida cómoda, aun cuando no todo era fácil para los cristianos en un país de mayoría musulmana. Pero antes de 1970, los cristianos y los musulmanes vivían, estudiaban y trabajaban juntos en paz. Los Khan eran buenos cristianos, pero nunca habían pensado en convertirse en misioneros sino que aspiraban a ser ingenieros. Tenían a disposición buena educación, tanto en escuelas públicas como cristianas, y así Khurram y Farrukh Khan fueron progresndo en sus estudios. Pero su vida iba a empeorar.
En los años setenta comenzó una revolución armada y llegó al poder un gobierno más autoritario. Un gran número de refugiados, muchos de ellos extremistas religiosos, huyeron de la invasión rusa de Afganistán y se instalaron en Pakistán. A ellos se unieron fanáticos de los estados del oeste de Rusia. Los cristianos comenzaron a sufrir.


El fundamentalismo musulmán tomó el control y fue estimulado aún más por los fanáticos. La regla de la mafia era bien común. La “Ley 295.C” exigía el castigo de la muerte por blasfemar contra Mahoma o el Corán.

Los fanáticos locales usaban esto como excusa para tomar la ley en sus propias manos y así perseguir, encarcelar y matar a aquellos con quienes no estaban de acuerdo. Ese fue el momento en que Khurram y Farrukh decidieron buscar una vida mejor fuera de Pakistán.

Recibieron ofertas para trabajar como ingenieros en una compañía petrolera estadounidense, y se fueron a trabajar en Arabia Saudita. El gobierno saudí no era menos represivo, pero al menos allí se respetaba la ley. Además, al estar viviendo en instalaciones de la compañía, los hermanos y sus familias podían vivir abiertamente como cristianos; mientras no compartieran sus creencias, estaban a salvo. Ellos no planeaban imponer sus creencias sobre los musulmanes. Eran cristianos comunes, no misioneros… hasta que comenzaron los estudios bíblicos.Arabia Saudita es el único país del mundo que prohíbe el culto cristiano. Allí es ilegal que un grupo estudie la Biblia, incluso en su propio hogar. Khurram y Farrukh y sus familias necesitaban expresar su fe por lo cual, aunque era contrario a la ley, se unieron a un estudio bíblico clandestino llevado a cabo en un hogar privado.
Uno de los miembros del estudio bíblico era un ingeniero del sur de Illinois que no sólo conocía la Biblia, sino también la gracia, la clase de gracia que Pablo celebra en Efesios 2:8-9: ”Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que nadie se gloríe”. Cuando Khurram escuchó esto, dijo que era “como escamas cayendo de mis ojos”. A los hermanos y sus esposas se les abrieron los ojos al perdón y el amor inmerecido y completo de Dios, sin que tuvieran que hacer nada para ganarlo. Al escuchar esto, ya no pudieron más guardar silencio.
Fueron impulsados, no obligados, impulsados por el Espíritu Santo a compartir esas noticias increíblemente buenas con todas las personas, pero especialmente con las personas del sudeste de Asia. Cuando el Señor llama a alguien al ministerio, es difícil resistir: Él sigue buscándolo a uno, abriendo puertas que nadie pensó que se podrían abrir. Dios escoge personas que nunca creyeron que podrían ser misioneros, que nunca tuvieron entrenamiento o recursos financieros. Como dice San Pablo (Romanos 9:21): “¿No tiene derecho el alfarero de hacer del mismo barro unas vasijas para usos especiales y otras para fines ordinarios?” Los misioneros son para ocasiones especiales.
Sabiendo que no iba a ser posible compartir a Cristo en Arabia Saudita, Farrukh Khan escribió al departamento de misión de la Iglesia Luterana del Sínodo de Missouri con un pedido: queremos venir a los Estados Unidos, ir al seminario y convertirnos en misioneros a los Estados Unidos. Muchos refugiados del sudeste de Asia venían a este país. En sus países de origen muchos no podían escuchar el evangelio de la gracia, del amor inmerecido de Dios; los hermanos Khan creían que podían compartir el amor de Cristo con estos inmigrantes en formas que los misioneros estadounidenses no podían. Aquí es necesario hacer una confesión.

La carta escrita por Farrukh fue enviada a la oficina del vicepresidente de la Iglesia Luterana-Sínodo de Missouri, el Dr. August Mennicke.


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En ese momento yo estaba sirviendo como director de la obra misional para la Iglesia Luterana Sínodo de Missouri en América. Pero cuando Auggie Mennicke me trajo la carta, me burlé: “No conocemos a estos hombres; podrían ser espías; no tienen formación misionera y no tenemos manera de saber si podrían tener éxito como misioneros en los Estados Unidos. Además (en ese momento, a principios de los años 90), los dos seminarios de nuestra denominación exigían que los candidatos fueran luteranos durante diez años antes de poder asistir. “Auggie, olvídate de eso”. Pero Auggie no lo hizo, sino que respondió a la carta de Arabia Saudita y se puso en contacto con Farrukh por teléfono.
Dos semanas más tarde, el Dr. Mennicke regresó a consultarme. “Bob, creo que estos hombres son sinceros. ¿No hay nada que podamos hacer?” Bueno, la semana anterior había recibido una solicitud de un grupo de iglesias en Toronto. Querían un misionero para llevar el amor de Dios a nuevos inmigrantes canadienses. Decidimos que si Farrukh estaba dispuesto a trasladar a su familia a Canadá, encontraríamos dinero para apoyar al ministerio.
Farrukh pagó su pasaje a St. Louis para ser entrevistado por líderes misionales. Los entrevistadores quedaron profundamente impresionados y recomendaron que Farrukh fuera instalado como misionero en Toronto. En Toronto, las iglesias descubrieron que no era un solo Khan sino dos, los que habían sido llamados a la obra misional. Así, Khurram Khan se convirtió también en parte de la misión.
No es fácil dejar atrás el trabajo, la casa, los amigos y todas las comodidades que disfrutan los ingenieros que trabajan para una compañía petrolera. El coraje, la fe, los sacrificios que se les pide a los misioneros es una prueba. Muchos que tienen el don, no logran pasarla. Como dice Malaquías, “Se sentará como un refinador de plata y quemará la escoria” (Malaquías 3:3). El Alfarero trabaja la arcilla y la cocina para que sea útil.
Los Khans hicieron enormes sacrificios, no solo en cuanto a sus ingresos, sino también en cuanto a su prestigio y comodidad, para comenzar una misión exitosa entre los asiáticos del sudeste en Toronto. Después de un tiempo, se les pidió que hicieran lo mismo en Detroit. Recaudaron fondos para comenzar POBLO — People of the Book Lutheran Outreach (los musulmanes llaman “People of the Book” – “Gente del Libro”, a los cristianos y judíos). Esos fueron tiempos muy difíciles. Las cuentas no fueron siempre pagadas a tiempo, pero los hermanos y sus familias perseveraron, como los primeros misioneros, como los apóstoles, como las mujeres y hombres llevados como refugiados de Jerusalén a Antioquía. Como Pablo y Bernabé. Refinados por el fuego confiaban, trabajaban duro, oraban y pedían a otros que oraran por ellos. Nunca se dieron por vencidos.
A veces se deprimían: a muchos cristianos les resulta difícil confiar en los inmigrantes de Pakistán, pues creen que están en el ministerio por sí mismos. Cuando comenzaron, no tenían entrenamiento en cómo ser misioneros. La mayoría de los pastores que pasan por el seminario no tienen esa capacitación: están preparados para cuidar a los cristianos, pero no se les enseña cómo comenzar una misión. La manera en que formamos a los trabajadores de la iglesia atrae a mujeres y hombres que pueden tener éxito en la educación superior, pero no como empresarios. Los Khans se negaron a rendirse. Fueron aprendiendo sobre la marcha: a veces con la ayuda de su iglesia, a veces a pesar de ella.
En un momento, al principio, consideraron seriamente regresar al Medio Oriente. Luego, en las semanas siguientes semanas hubo dieciséis bautismos en una misión que habían ayudado a comenzar, y dieciocho en otra. Se quedaron. Otros misioneros se sintieron atraídos por POBLO. En un momento dado, después de hacer juntos el programa de educación a distancia del Seminario Teológico Concordia, catorce hombres reclutados por POBLO fueron ordenados al ministerio en la iglesia Faith Lutheran en Troy, Michigan.

Hoy, POBLO es un ministerio de un millón de dólares que, incluyendo los ministerios comenzados en Pakistán, han producido más de doce mil bautismos. POBLO posee un edificio donde tiene sus oficinas y centro de capacitación misionero. Los ingresos del alquiler de otro espacio pagan la hipoteca. POBLO realiza obra misional en ocho distritos de la LCMS, y tiene planes para comenzar dos o tres nuevos campos misionales cada año.
Si antes de ese estudio bíblico en Arabia Saudita alguien les hubiera dicho a los hermanos que se convertirían en misioneros en América, no le hubieran creído. Sólo el Espíritu Santo no se hubiera reído. Es que el ser “misionero cristiano” no es un objetivo profesional, sino un llamado. Si el Señor así lo quiere, se abrirá un camino. Uno puede luchar contra eso, pero el Espíritu sigue insistiendo, abriendo algunas puertas, cerrando otras, modelando y moldeando, dando fe, coraje y amor… todos los componentes necesarios para la formación de un misionero. El Alfarero todavía está trabajando, creando nuevas vasijas de barro para uso especial.

Dr. Robert Scudieri, Presidente
Mission Nation Publishing

Tr. B. Hoppe

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