An Important Question

As members of the editorial committee of Lutheran Mission Matters, the journal of the Lutheran Society for Missiology, and, more importantly, as members of the LCMS who seek to take seriously our Lord’s mission to share His salvation with all nations and to do so in ways that are joyfully and fully Lutheran, we are developing thoughts for a forthcoming article that seeks to present a more positive and hopeful future for the LCMS than that which has been reported at many district conventions this year, especially in light of the various demographic studies recently conducted by our synod.

In this endeavor, we seek the wisdom, encouragement, and input of various leaders in our synod, and this simple survey humbly solicits any response that you may deem helpful. We recognize the limitations of time and schedules, so responses can be as much or as little as you wish.

This is intended to be open-ended and inclusive, so if you know of anyone else who might be interested, feel free to pass the link below on to others. But please respond by August 30, 2018, after which the survey link will be closed.
The one question we put before you is as follows:     Demographic projections shared at recent district conventions and         elsewhere indicate that despite current efforts at evangelism, church planting, and revitalization, the LCMS may lose as many as 500,000 additional members in the next decade. Do you think there is a more hopeful future toward which the LCMS, empowered by God the Holy Spirit, might seek to work? If so, please tell us what that future would look like.

Please respond as you wish and are able by using this link:https://goo.gl/orZg5r. We are asking for your email address should we need to follow up or clarify, but the survey results will remain anonymous. We will not identify anyone by name or specific position when we write our article, and we will not share any information regarding identity or email addresses with others.  We hope that it will take only a few minutes to respond, but we also hope that you will take the opportunity to share your understanding of LCMS work in mission and ministry and how it might be done in the 21st century.Thank you sincerely for your time and assistance.  These are extraordinary and challenging times, but we are confident in the Lord of the church through His Spirit to lead us not only in holding on to His truth but also in sharing it with those who have not received it.

In Christ’s Name and Service,
 Andrew Bartelt

Jon Diefenthaler

Daniel Mattson

Robert Scudieri

Misiologia de El Camino

 

Misiología de El Camino

Misioneros Perla y Nelson Rodriguez

La antigua iglesia en el centro de Houston se encuentra junto a un refugio para personas sin hogar. Solía llamarse iglesia St. John, pero los anglos se mudaron y los inmigrantes y refugiados de América Central y del Sur, y el Caribe tomaron su lugar. Las nuevas religiones se arraigaron en el antiguo vecindario; la brujería se convirtió en la religión preferida. St. John cerró sus puertas.

Perla Rodríguez creció en ese vecindario: fue a St. John y a su escuela primaria. Luterana desde que tenía seis años, estaba profundamente comprometida con que el evangelio llegara a los nuevos ciudadanos. Entonces apareció Nelson, un joven ingeniero químico de Puerto Rico, quien había sido contratado por una compañía para trabajar en Houston. Perla y Nelson se sintieron llamados a hacer real el amor de Jesús en las personas de su antiguo vecindario. Y entonces, el Señor abrió un nuevo Camino.

El Camino

El nombre, que fue ampliamente utilizado por los primeros creyentes y puede ser el más desconocido para los cristianos de hoy, es “El Camino”. Cristo se llamó a sí mismo “El Camino, la Verdad y la Vida” (Juan 14: 6). De hecho, Jesús afirmó ser el único Camino a la vida eterna. “El Camino” era el nombre usado para los primeros cristianos; se usó ampliamente en el libro de los Hechos (19: 9, 19:23, 24:14, 24:22). “Cristianos” se convirtió en el nombre común para los creyentes sólo después de que la fe llegara a Antioquía, alrededor del año 34 DC.

“El Camino” es la razón por la cual, después que Jesús regresara de entre los muertos (Hechos 1:15), la iglesia creció de ciento veinte a más de seis millones en el año 300 DC. Si las iglesias de hoy quieren convertirse en herramientas útiles para que el Espíritu haga crecer a la iglesia, deberían prestar atención al Camino – el Camino de Cristo, el Camino de los primeros misioneros: los Apóstoles.

Pero ¿qué es este “Camino”? ¿Qué tiene de distintivo? ¿Y por qué hablar de esto en un blog sobre los misioneros Perla y Nelson Rodríguez en los Estado Unidos? Porque el Camino es la base del trabajo de cada misionero cristiano.

Primero y más importante: es el Camino a la vida eterna. Está envuelto en el evangelio, en las palabras de San Pablo: “Ciertamente la gracia de Dios los ha salvado por medio de la fe. Ésta no nació de ustedes, sino que es un don de Dios; ni es resultado de las obras, para que nadie se vanaglorie.” Efesios 2:8-9

San Pablo continúa diciéndonos lo que eso significa para el modo en que los cristianos viven su amor a Dios y a los demás (1 Corintios 13:13): “Y ahora estos tres permanecen: fe, esperanza y caridad. Pero el mayor de estos es la caridad. ” “Caridad” (“caritas” en latín, “ágape” en griego) es una palabra mejor que “amor”. En nuestra cultura, el significado de la palabra “amor” se ha vuelto demasiado confuso para entender lo que decía San Pablo. La caridad está más cerca de lo que el apóstol-misionero quiso decir.

América una vez lo supo y lo celebró. A mediados del siglo XX pudimos escuchar la versión de Don Cornell de la canción de Dale Evans en cada estación de radio secular: “Fe, Esperanza y Caridad, esa es la forma de vivir con éxito. ¿Cómo lo sé? La Biblia me lo dice.”  ¡Cómo han cambiado las cosas!

La fe y la esperanza han sido dejadas de lado en nuestra cultura secular del siglo XXI; la caridad parece estar todavía de moda, aunque nos preguntamos por cuánto tiempo. Los misioneros de El Camino viven de tal modo que sus vidas dan testimonio del Dios que representan. Las vidas de Perla y Nelson  re presentan a Cristo a los pobres de Houston a través de la forma en que viven su fe, esperanza y caridad.

Después de que St. John Lutheran cerrara sus puertas, LINC (Lutheran Inner City Network Coalition) fue autorizado a utilizar el edificio. En 2005, Perla y Nelson vivían cómodamente en los suburbios. Ahora su fe sería probada. El Espíritu puso en sus corazones el convertirse en misioneros, ministrando a una comunidad creciente de inmigrantes jóvenes y pobres del centro de la ciudad de Houston.

Nelson, había sido un estudiante de la Biblia y luego un líder en su iglesia. Fue elegido para ingresar al Centro de Estudios Hispanos, un programa de tres años del Seminario Concordia de St. Louis. Es un programa de educación a distancia que conduce a la ordenación. Habría de ser misionero de LINC Houston.

Perla le preguntó al Director de LINC, Rev. Mark Junkans, qué papel podía desempeñar una mujer en la misión, y así conoció el programa para Diaconisas también dirigido por el Centro de Estudios Hispanos. Se convirtieron en un equipo, acercándose a su campo de misión como cualquier otro equipo misionero cristiano: estudiaron a su comunidad para ver cuál era la mejor forma de llevar allí el amor de Jesús.

Sin dejar sus trabajos seculares, se lanzaron al trabajo misional. Nelson continuó su trabajo como ingeniero químico mientras predicaba el Camino de Jesús, compartiendo y demostrando la esperanza que tenía como hijo de Dios. Dirigió las clases bíblicas de los miércoles y la adoración. Los misioneros de LINC financian su trabajo de misión.

Perla continuó trabajando como docente, a la vez que se convirtió en el rostro del ministerio en los vecindarios circundantes. De este esfuerzo nació una despensa de alimentos. Hoy, la despensa ayuda a alimentar a más de mil adultos y niños cada mes. Cuarenta voluntarios han expandido el alcance, la mitad desde dentro y la mitad desde fuera de la comunidad.

Algunos de los voluntarios son hombres del centro de rehabilitación al lado de la iglesia. Seis de los hombres del refugio pidieron ser bautizados y luego confirmados. La iglesia creció. El cincuenta por ciento de los miembros llegó a la fe a través de la caridad de los trabajadores de la despensa de alimentos.

Cuando planificamos la expansión de nuevas misiones tratamos de ser buenos administradores y considerar el costo, no sólo financiero, sino también físico y emocional. Planeamos, porque queremos ser fieles (Mateo 25:14-30). Pero permítanme sugerir que antes de todo esto, no en lugar de, sino antes, deberíamos considerar el Camino de la misión, el Camino de los apóstoles, el Camino de Cristo. Pregúntese: en su misión ¿ven los demás su fe, su esperanza, su caridad?

Luego agradezca a Dios porque ha aceptado el Camino de fe, esperanza y caridad perfectas de Jesús en el lugar de todos nuestros caminos imperfectos.

“Fe, esperanza y caridad. Esa es la forma de vivir con éxito. ¿Cómo lo sé?”

Robert Scudieri

Tr. Beatriz Hoppe

Para ver una breve introducción al video de la entrevista, haga click aquí.

Para ver la entrevista de veinte minutos, haga click aquí.

A Missiology of The Way

A Missiology of The Way

Missionaries to America Perla and Nelson Rodriguez

The old church in downtown Houston sits next to a homeless shelter. It used to be called St. John church, but the Anglos moved out and immigrants and refugees from Central and South America and the Caribbean took their place. New religions became rooted in the old neighborhood; witchcraft became a religion of choice.  St. John closed its doors.

Perla Rodriguez grew up in the neighborhood, went to St. John and to the church’s elementary school. A Lutheran since she was six years old, she was deeply committed to seeing the  gospel reach the new citizens. Then, Nelson came along. A young man from Puerto Rico with a degree in chemical engineering; he had been hired by a company on the mainland and put to work in Houston. Perla and Nelson felt called to make Jesus’ love real to the people in her old neighborhood. Then the Lord opened a new Way. 

The Way
The name which was widely used for the earliest believers, and may be the most unknown to Christians today, is “The Way”. Christ called Himself “The Way, the Truth and the Life”(John 14:6).  In fact, Jesus claimed to be the only Way to eternal life. “The Way” was the name used for the very first Christians; it was used widely in the Book of Acts (Acts 19:9,  Acts 19:23 , Acts 24:14, Acts 24:22).  “Christians” became the common name for believers only after the faith reached Antioch, around 34 AD – and then as a pejorative used by the gentile unbelievers. 

“The Way” is why the church grew from one hundred and twenty after Jesus came back from the dead  (Acts 1:15) to over six million  by 300 AD If Churches today want to become useful tools for the Spirit to grow the church they should pay attention to The Way – the Way of Christ, the Way of the very first missionaries – the Apostles. 

But what is this “Way”? What is distinctive about it? And why talk about this in a blog about the missionaries to America Perla and Nelson Rodriquez? Because the Way is the basis for the work of every Christian missionary. 

First and most important it is the Way to eternal life. It is wrapped in the gospel, in St. Paul’s words: For by grace you have been saved through faith. And this is not your own doing; it is the gift of God,  not a result of works, so that no one may boast.” Ephesians 2:8-9.

St. Paul goes on to tell us what that means for the Way Christian live out their love for God and each other (1 Corinthians 13): “And now these three remain: faith, hope and charity. But the greatest of these is charity.” “Charity” (“caritas” in Latin, “agape” in Greek) is a better word than “love.” In our culture the  meaning of the word “love” has become too muddled to understand what St. Paul was saying. Charity is closer to what the apostle-missionary meant. 

America once knew this, and celebrated it. In the middle of the twentieth century we could hear the Don Cornell version of Dale Evans’ song on every secular radio station:  “Faith, Hope and Charity, that’s the way to live successfully. How do I know? The Bible tells me so.” How things have changed. 

Faith and hope have been sidelined in our twenty first century secular culture; charity seems still to be in vogue, although we wonder for how long.  The Way missionaries live testifies to the God they re-present. Perla and Nelson’s lives are re-presenting Christ to the poor of Houston through the Way they live out their faith, hope and charity. 

After St. John Lutheran closed its doors LINC (Lutheran Inner City Network Coalition) was given the use of the building. In 2005 Perla and Nelson were living in comfort in the suburbs. Now their faith would be tested. The Spirit put it on their hearts to become missionaries, ministering to a young, growing, and poor Houston inner city immigrant community .

Nelson, had been a Bible study student and then a leader in his church.  He was chosen for entrance to the Center for Hispanic Studies, a three year  program at Concordia Seminary, St. Louis. It is a  distance education program  leading to ordination. He would be a missionary for LINC Houston.

Perla asked the Director of LINC, Rev. Mark Junkans, what role a woman could play in the mission. She was introduced to the Deaconess program also run by the Center for Hispanic Studies. They became a team, approaching their mission field like any other Christian missionary team: they studied their community to see how best to make alive the love of Jesus.

While still holding their secular jobs they threw themselves into mission work. Nelson continued his paying job as a chemical engineer while he preached Jesus’ Way, sharing and demonstrating the hope he had as a child of God. He led Wednesday Bible classes and conducted worship. LINC missionaries fund their mission work through St. Paul like “tent making” strategies. This strategy attracts a different kind of student, one more entrepreneurial, more courageous. 

Perla continued earning income from her teaching job, at the same time she became the face of the ministry in the surrounding neighborhoods. Out of this effort came a food pantry.  Today the pantry helps feed over one thousand adults and children every month. Forty volunteers have expanded the outreach, half from inside and half  from outside the community.

Some of the volunteers are men from the rehab center next door to the church. Six of the men from the shelter asked for baptism and were confirmed. The church grew. Fifty percent of members came to faith through the caritas of the food pantry workers. 

When we plan for the expansion of new missions we try to be good stewards and consider the cost, not just monetary, but physical and emotional costs. We plan, because we want to be faithful (Matthew 25:14-30). But let me suggest that before all this – not instead of  but before – we should consider the Way of the mission, the Way of the apostles, the Way of Christ. Ask yourself, in your mission do others see your faith, your hope, your charity?

Then thank God because He has accepted Jesus’ Way of perfect faith, hope and charity in the place of all our imperfect  ways. 

“Faith, hope and charity. That’s the way to live successfully. How do I know?”

To see the short introduction to the full video interview, click here.

To see the full twenty minute interview, click here.

 

 

 

“¿Y qué es lo que demanda el Señor de ti?”

Misionero en los Estados Unidos – Vijay Gurrala

A veces me preguntan: “¿Cuándo decidiste ser pastor?” Mi respuesta siempre es la misma: “Cuando me desperté esta mañana.” La verdad es que nunca tuve un sueño o una visión que me llamara al ministerio público, sino que es la mejor manera que he encontrado de servir al Señor. Pero nunca he tenido una revelación divina al respecto. Pero no para todos es así, como por ejemplo, para el misionero Vijay Gurrala.

El Rev. Gurrala creció en la fe cristiana en Guntur, una pequeña villa en India. Es miembro de la cuarta generación de Gurralas cristianos, luego que su bisabuelo Enoc fuera evangelizado por misioneros alemanes en el siglo 19.

Los misioneros habían impresionado a Enoc Gurrala con los sacrificios que hacían por mostrar a su villa el amor de Jesús. Misioneros europeos y norteamericanos viajaron miles de millas para llegar a muchas pequeñas villas; iban de una villa a la otra a pie, estado por estado, muchas veces durante la temporada de lluvias. Pasaban la vida aprendiendo los idiomas y costumbres locales como señal de respecto. Los sacrificios hechos por los misioneros mejoraron la vida de los locales. Ellos invirtieron años creando escuelas para sacar a los granjeros rurales de su pobreza. Muchos de esos misioneros nunca regresaron a sus países de origen; sus tumbas han quedado marcadas con simples cruces. Al igual que su Señor, se sacrificaron a sí mismos para compartir el amor de Cristo.

Por experiencia personal puedo decir que ninguna gran misión ha sido jamás lograda sin un gran sacrificio.

Con la educación recibida, el abuelo de Vijay Gurrala fue entrenado para ser pastor y luego supervisor misional de las iglesias en diez villas.

Su padre tuvo el beneficio de ser educado en escuelas cristianas y llegó a ser empleado del gobierno. Aun así, sacrificó sus fines de semana para ir a lugares donde el evangelio aún no era conocido. Ya mayor, vendría a los Estados Unidos y eventualmente habría de ministrar en las prisiones, aunque podría haber hecho muchas otras cosas.

¿Y Vijay? Gracias a los sacrificios de los misioneros europeos, recibió una buena educación. Se recibió de ingeniero en computación, obteniendo luego una maestría en ciencias de computación. La familia Gurrala fue traída a Houston por Amoco. Vijay ganaba bien, vivían confortablemente y participaban de la iglesia luterana Epifanía donde Vijay comenzó grupos de estudios bíblicos.

Así inició un grupo cristiano Télugu que se reunía mensualmente para orar y cantar himnos, socializar y compartir comida india. Con el tiempo, el treinta por ciento del grupo eran cristianos recién convertidos y un quince por ciento eran esposas y niños hindúes. Todos era bienvenidos y queridos.

Un día, volando de regreso de un viaje de negocios, Vijay estaba estudiando Miqueas 6, donde el Señor demanda a su pueblo que lo escuchen y respondan en forma significativa a su amor increíble. “¿Y qué es lo que demanda el Señor de ti?” (v. 8) ¿Qué sacrificio vas a hacer? El espíritu de Vijay se sintió sacudido. Instantáneamente supo lo que tenía que hacer, lo que el Señor le estaba pidiendo que hiciera. De ahora en más dejaría de lado su vida confortable y comenzaría el programa de estudios de cuatro años para ser un pastor ordenado. No tenía que hacerlo, pero sabía que estaba siendo llamado a una vida diferente.

Vijay Gurrala fue el primer misionero ordenado de LINC Houston ((Lutheran Inner-City Network). Trabajando con LINC, el Rev. Gurrala pastorea la iglesia Our Redeemer Lutheran (Télugu), que funciona en Pilgrim Lutheran Church. Tres veces al mes los servicios son en inglés, y el tercer domingo (el día siguiente a la reunión mensual del grupo cultural Télugu), el servicio es en Télugu. Vijay también ha comenzado varios grupos de estudio bíblico en hogares en distintas partes de Houston, uno de ellos a cincuenta millas de distancia, como simientes para nuevas iglesias Télugu.

Los misioneros europeos que fueron a Guntur jamás soñaron con que un descendiente de Enoc Gurrala llegaría a Houston, Texas y sería misionero en los Estados Unidos. Aunque, en realidad, quizás sí lo hicieron… si oyeron lo que oyó el profeta Miqueas, si creyeron lo que los primeros misioneros creyeron: que las buenas nuevas habrían de viajar de Jerusalén a Judea y Samaria y a los confines de la tierra.

Para ver el video de la entrevista, haga click aquí.

Dr. Robert Scudieri, Presidente, Mission Nation Publishing

Tr. Beatriz Hoppe

 

“What Can you do, O Man?” Micah 6…

“What Can You Do, O Man?” Micah 6…

To see a short introduction to the twenty five minute video interview, click here.

Missionary to America Vijay Gurrala

People sometimes ask, “When did you decide to become a pastor?” My answer is always the same: “This morning, when I woke up.” The truth is, I never had a dream or vision to call me into public ministry; it is the best way I have found for me to serve the Lord. If you asked if I had a divine revelation at some point, sorry – that wasn’t the case. That is not true for everyone. Take the missionary to America Vijay Gurrala. 

Rev. Gurrala grew up as a Christian in a small village in India, Guntur. He is a member of the fourth generation of Christian Gurralas, his great grandfather, Enoch, having been evangelized by German missionaries in the 19th century. 

The missionaries had impressed Enoch Gurrala through the sacrifices they were making to show his village the love of Jesus. European and American missionaries came thousands of miles to many small villages; they walked from village to village, state to state, many times in monsoon rains. The missionaries spent their lives learning the local language and customs, as signs of respect. The sacrifices of the missionaries improved the lives of the local people. They invested years starting schools to lift poor rural farmers out of poverty. Many of those European and American missionaries never returned to their homelands, their graves in the new land marked by simple crosses. As did their Lord, they sacrificed themselves to share Christ’s love.

I can tell you by personal experience, no great mission was ever accomplished without some great sacrifice. 

With the education he received, Vijay Gurrala’s grandfather was trained to be a pastor, and later a mission supervisor over churches in ten villages.

His father benefitted from the education in Christian schools and rose to be a government worker. Still, he sacrificed his weekends to go to areas where the gospel had not been known.  In his later years Vijay’s father would come to America, and choose to minister in prisons.  There are many other things his father could have done. 

What about Vijay? Because of the sacrifices of the European missionaries he received a good education. He became a computer engineer, earning a Masters in Computer Science. The Gurrala family was brought to Houston by Amaco. He was making a very good living. The Gurralas were comfortable; they worshipped at Epiphany Lutheran Church, where Vijay started Bible study groups.

A layman, he started a Christian Telugu fellowship that met monthly to pray and sing hymns, socialize and share Indian food. In time, thirty percent of the group became composed of new Christians. Another fifteen percent were Hindu spouses and children. All were welcomed; all were loved.

One day, flying home from a business trip, he was studying his Bible, Micah 6, where the Lord demands His people listen to Him and respond in significant ways to His incredible love. Then the question – what is required of YOU now , (verse 8) “What can you do, O man?” What sacrifice will you make? Vijay Guralla’s spirit was shaken. He knew what he had to do, what the Lord was asking of him. From now on he would set aside his comfortable life, become a student, begin a four year program leading to ordination as an ordained pastor. He did not have to do this, but he knew he was being called to a different life. 

After graduation, Vijay Guralla became the first ordained missionary for LINC Houston, the Lutheran Inner City Network. Working with LINC Rev. Guralla leads Our Redeemer Lutheran Church (Telugu), based at Pilgrim Lutheran Church. Three times a month the worship service is in English, then, on the third Sunday – the day after the Telugu Cultural Group meets – the worship service is in Telugu. The missionary also started several home Bible study groups around Houston, one fifty miles away, as seeds for new Telugu churches. 

The European missionaries who went to Guntur could not have dreamed that a descendent of Enoch Guralla would be brought to Houston Texas to be a missionary to America.  Well, maybe they did – if they heard what the prophet Micah heard. If they believed what the earliest missionaries believed – that the good news was to travel all the way from Jerusalem to Judea to Samaria, and to the ends of the earth. 

To see the full video interview, click here.

 

 

Un Lugar Seguro Para Los Misioneros

Un Lugar Seguro Para Los Misioneros

Mark Junkans – Misionero en los Estados Unidos

“La misión es desordenada.” Al igual que la manera en que nos volvemos misioneros, como fue con el Rev. Mark Junkans. Hijo de un pastor, si bien todavía se consideraba cristiano, Mark se había alejado de la fe. Al terminar la secundaria se fue de su casa en el medio oeste para hacer surf en el sur de Tejas. El pelo lo llevaba largo, y podríamos decir que su comportamiento no iba de acuerdo con la Escritura. El comentario de un amigo lo dejó frío: “Tú eres la razón por la cual no soy cristiano. Dices ser cristiano, pero no te comportas como tal”. Le dolió mucho escuchar eso, pero fue un llamado de atención. En una revista de surf leyó un aviso que decía: “Sirve a Dios haciendo surf”. Era del grupo “Juventud con una misión” y ofrecía preparar y enviar jóvenes a dar testimonio en Méjico. Le preguntó a un pastor local qué opinaba, y el pastor le dijo: “¿Por qué no servir allí a Dios?”

Ahora Mark quería compartir el amor de Jesús con los inmigrantes de habla hispana. Aprendió que en Houston ya había tres ministerios que estaban haciendo eso, así que se ofreció a servir de voluntario. Se encontró con que sería útil pero sólo si hablaba español, y ese no era su caso. (Recuerden, la misión es desordenada.) Lo que sí sabía era tocar la guitarra, y uno de esos ministerios necesitaba a alguien que ayudara con la música en los servicios de adoración.

Mark se dedicó a estudiar español, encontró trabajo con albañiles hispanos y alquiló una habitación en la casa de una familia hispana en un barrio mejicano en Houston. Para acortar la historia, cuando el misionero de la iglesia donde Mark estaba trabajando se fue, a Mark lo licenciaron como diácono y le pidieron que liderara la iglesia. Y entonces la iglesia empezó a desplomarse. Y ahora, ¿qué?

Una vez no apareció nadie para el servicio de adoración. Sin embargo, después de cuarenta minutos, una mujer vino y dijo: “¿No vino nadie? No te preocupes. Fuiste llamado a estar aquí.”  Y luego se fue. Esa sabia mujer se convertiría en la suegra de Mark.

Mark Junkans persistió. Comenzó una clase para ciudadanía, un coro, clases de inglés como segundo idioma y un club de fútbol, con el objetivo de establecer contactos con inmigrantes hispanos. La iglesia comenzó a crecer, pero como muchos de los nuevos miembros eran inmigrantes, también eran móviles. Se mudaban a distintas partes de la ciudad, más cerca del trabajo o de la escuela, o a una vivienda mejor. Así fue como el misionero se dio cuenta que tenía que cambiar. Estaba llevando a cabo su ministerio como si fuera una iglesia, cuando lo que tenía que hacer era pensar en su congregación como una base misional, una base a partir de la cual formar misioneros.

Un grupo en Dallas ya se había embarcado en esa misión, creando una sociedad misionera llamada LINC, Lutheran Inner City Networking Coalition. El objetivo era poner en marcha un espacio sagrado, un lugar seguro para formar misioneros para la ciudad. El grupo proporcionaría una “burbuja” para proteger a los misioneros, utilizando nuevas técnicas para identificar, equipar y apoyar a aquellos que podrían comenzar nuevas comunidades de fe. Sería un modelo bi-vocacional, independiente de subsidio externo, que proporcionaría un sistema de apoyo y cobertura oficial para los misioneros. Dado que las diferentes culturas requieren diferentes enfoques para el ministerio, la capacitación sería sensible a las necesidades particulares de cada grupo.

Mark dice: “En el pasado, exigíamos que las personas se vistieran y cantaran como nosotros, que adoptaran nuestra cultura, en vez de contextualizar la adoración y el ministerio”. Se inició un Instituto Bíblico con entrenamiento a nivel básico. Quienes tuvieran éxito en el Instituto Bíblico estarían listos para ingresar a un Instituto Étnico preseminario de teología, donde trabajarían como vicarios bajo la supervisión del clero ordenado. Uno de los resultados secundarios, inesperado al principio, fue la red de apoyo que se desarrolló entre los misioneros de diferentes orígenes étnicos. Los líderes y la red, según Mark, “avivan en los líderes la pasión por llegar a sus comunidades con el evangelio, y luego equipan a otros líderes para llevar el evangelio y ser entrenadores de líderes en sus países de origen”.

La misión es desordenada. Fue desordenada cuando Jesús nació como bebé en un establo, cuando ministró y confrontó las ideas equivocadas del liderazgo arraigado, y fue aún más desordenada cuando colgó en una cruz. Pero el Señor sabe cómo traer victoria de la derrota, vida de la muerte y misioneros de hijas e hijos descarriados.

Para ver el video de la entrevista con el misionero Junkans, haga aquí.

A SAFE PLACE FOR MISSIONARIES

A Safe Place For Missionaries

Missionary to America Mark Junkans

“Missions is messy.” Even how we become missionaries. Take Rev. Mark Junkans for example. Mark, the son of a pastor, had drifted away from his faith, although he still considered himself a Christian. After highschool, he left his home in the Midwest for the surfer life in south Texas. His hair was shoulder length, and his behavior was not, shall we say, according to Scripture.  A comment from a friend caught Mark up short: “You are the reason I am not a Christian. You call yourself a Christian, but you do not act like one.” It was painful to hear, but it caused the young man to take stock of his life. In the back of “Surfing Magazine” he read an ad: “Serve God and surf” it said. It was an offer from the group “Youth With A Mission,” an offer to prepare and send young people to witness in Mexico.  He asked a local pastor what he thought – the pastor said, “Why not serve God here?” 

Mark now felt a desire to share the love of Jesus with Spanish speaking immigrants. He found out there were Hispanic outreach ministries in Houston, three to be exact. He approached one to volunteer, and found out it would be helpful if he spoke Spanish. He did not. (Remember, missions is messy). But he did play the guitar and one of the ministries needed someone to accompany the worship services. 

Mark studied hard to learn Spanish, found a job working with Spanish speaking construction workers and rented a room from a Spanish speaking family in a Mexican neighborhood of Houston.  To make a long story short, when the missionary at the church where he was working left, Mark was made a licensed deacon and asked to lead the church. It was then that the church took a nosedive. Messy! What’s next?

One time, no one showed up for worship. After forty minutes, though, one woman came and said, “Nobody here? Don’t worry. You were called to be here.” Then she left. This wise woman later would become Mark’s mother in law.

Mark Junkans persisted. He began an American Citizens Class, an after school choir, English as a Second Language class, a soccer club – all to make contacts with Hispanic immigrants. The church began to grow – but, since many of the new members were immigrants, they were mobile. They moved around the city, closer to work, or to school, or to better living conditions. It was then that the missionary realized he had to change. He was working the ministry as a church, while what he needed to do was to think of his congregation as a mission base. A base from which to form missionaries. 

Another group, one in Dallas, had already embarked on such a mission. They created a mission society called LINC, Lutheran Inner City Networking Coalition.  The aim was to put in place a sacred space, a safe place, to form missionaries for the city. The group would provide a “bubble” to protect missionaries, using new techniques to identify, equip and support those who could begin new communities of faith. It would be a bivocational model, independent of outside subsidy – supplying a support system and an official cover for missionaries. Because different cultures require different approaches to ministry, the training would be sensitive to the needs of individual groups. 

Mark says, “In the past we would require people to dress and sing like us, to adopt our culture, instead of contextualizing worship and ministry.”  A Bible Institute was started as entry level training. Those who were successful at the Bible Institute would be ready to enter a preseminary Ethnic Institute of Theology, where they would work as vicars under the supervision of ordained clergy.  One of the side results, unexpected at the start, was the supportive network that developed among missionaries from different ethnic backgrounds.  The leaders and the network, according to Mark, “fan into flame a passion for leaders to reach their communities with the gospel, and then equip other leaders to bring the gospel to their home countries, to go back and be trainers of leaders in their countries of origin.”

Missions is messy. It was messy when a baby was born in a stable, when He ministered among and confronted the wrong ideas of entrenched leadership. It was even more messy when He hung on a cross. But the Lord has a way of bringing victory out of defeat, life out of death, missionaries out of wayward daughters and sons. 

To see the video interview with Missionary Junkans, click here.

The Missionary of Reconciliation

 

The Missionary of Reconciliation

Missionary to America Jose Flores.

The civil war began in El Salvador in 1980 and lasted for twelve years. It was brutal, with extreme violence on both sides. “Death Squads” attacked civilians. An unknown number of people “disappeared.”  According to the best reports, seventy five thousand died in the conflict.

In the midst of the pain and trauma of war, spiritual questions were unavoidable; where was God in this?  Can there be reconciliation after the torture and killings? Can we find a way to forgive? That is why the missionary came to the small, grieving village. 

At the end of the fighting, young Jose Flores, just beginning ministry in Argentina, went with Christian medical students to volunteer  to bring healing in remote areas of El Salvador.  The team learned many things, but the things that stood out were how terrible human beings can be to each other, and how broken were the country’s relationships. Part of the pain of the people in the small villages was the hatred they felt at those who had brutalized them. Could there ever be forgiveness?

While the medical students addressed physical pain, Flores brought another gift, a gift of reconciliation. He prayed with relatives and friends of victims on both sides of the conflict. He poured God’s Word on the injuries of their spirits.  He loved them with God’s Savior. 

“Therefore, if anyone is in Christ, the new creation has come: The old has gone, the new is here! All this is from God, who reconciled us to himself through Christ and gave us the ministry of reconciliation: that God was reconciling the world to himself in Christ, not counting people’s sins against them. And he has committed to us the message of reconciliation.” 2 Corinthians 5:18-19 To see a short introductory video of our interview wtih Pastor Flores, click here. 

Where Jesus is present, peace and reconciliation follow. 

Missionary Flores continues Jesus’ ministry of reconciliation in the broken parts of America. As and ordained pastor in the Texas District, he addresses the many physical needs of the people in the neighborhood around the church – primarily the needs for food and shelter and legal ways to become a US citizen.  Then there is the opportunity to sit and pray and share God’s promises with parents and children at Shriner’s Hospital in Galveston.

Parents bring their very ill children to the hospital from the United States, but also from Mexico and other parts of Central America. Many times this is their last try, the last hope for healing of their child. However, not only does Missionary Flores minister to their spiritual needs, he also prepares those that have been touched by God’s Word to share that Word, that hope, God’s love, with others. In other words, to equip them to be missionaries when they return home.

Missionary Flores says the people of his church see their work “not as a mirror, but as a window.” They were not going to be “navel gazing” Christians – looking at their own needs, no matter how poor or how ill they were. The people of his church are looking beyond their own needs, and bringing  reconciliation into the lives of those around them. They are God’s missionaries of peace and reconciliation. 

 “For God was pleased to have all his fullness dwell in Jesus, and through him to reconcile to himself all things, whether things on earth or things in heaven, by making peace through his blood, shed on the cross.” Colossians 1:19-20.

To see the full 25 minute video, click here.

 

Testimonio en sus Lugares de Trabajo

Joann Adebisi nació en una familia musulmana en Nigeria. Su padre tenía seis esposas. Los celos de las otras esposas le hicieron la vida difícil, especialmente cuando hacía algo bien; en esos momentos era cuando más se ensañaban con ella. Pero su padre prestó atención especial a esa hija brillante, energética y que a menudo se sacrificaba por él para mostrarle cuánto le amaba. Sentía un orgullo especial por el compromiso que la niña tenía con el islam: iba temprano en la mañana a la mezquita, donde era la única niña entre todos los adultos. Pero al crecer, Joann cambió de opinión.

Cuando estaba padeciendo de una enfermedad seria y no lograba encontrar paz en la fe en la que había nacido, Joann buscó a Jesús. Veía que sus compañeros cristianos vivían satisfechos y quería lo mismo para ella. Así que se apartó de su familia y encontró el consuelo que necesitaba en el Dios cristiano. El poder que recibió en la adoración la impulsó a compartir con sus compañeros de trabajo, en las Aerolíneas Lufthansa, la alegría que había encontrado al adorar a un Dios que la amaba. Pero no siempre recibió una respuesta positiva.

Su esposo era el intendente de su ciudad en Nigeria. Pero la situación política en ese país se había deteriorado y los ataques políticos lo forzaron a sacar del país a Joann y los niños, quienes finalmente encontraron un lugar seguro en los Estados Unidos.
Luego de retomar su trabajo en Lufthansa, pero ahora en los Estados Unidos, Joann volvió a amigarse con un ex compañero de trabajo, un musulmán de Pakistán. Llegaron a hacerse muy buenos amigos, hasta que ella le dijo que había sido musulmana, pero se había convertido al cristianismo. Joann dice que su amigo quedó helado y sin hablar. Cuando finalmente habló, con una mirada amenazante le dijo: “Sabes que debería matarte”. Pero ha tenido otras respuestas más positivas. Joann comparte su mensaje en los lugares públicos, en su trabajo y con los niños inmigrantes en su vecindario. A menudo los jóvenes, que todavía están tratando de encontrar su lugar en una nueva cultura, están confundidos y se meten en problemas en la escuela y en la casa. Joann sabe, por experiencia propia, cómo llegar a ellos. Y sus vecinos, tanto cristianos como musulmanes, lo ven y la aman por ello.

Es interesante e importante notar que Jesús pasó mucha parte de su ministerio en los lugares públicos, con los negociantes. Jesús mismo había aprendido un oficio y era conocido no sólo como “el hijo del carpintero”, sino también como “el Carpintero”. Muy pocas veces lo encontramos enseñando en la sinagoga o el Templo. Lo mismo es cierto de los primeros cristianos misioneros, quienes llevaron a Cristo a la vida diaria de las personas. En mi opinión, muchos cristianos en los Estados Unidos han perdido esto de vista en sus lugares de trabajo. “Aquí no se habla de política o religión.”

Lucas nos muestra que Aquila y Priscila, los compañeros de trabajo de Pablo, eran fabricantes de tiendas de campaña, igual que Pablo (Hechos 18:3). Esto los puso en contacto con personas que jamás hubieran ido a una sinagoga o entrado al Templo. Pareciera que la mayor parte de su trabajo misional lo realizaron fuera de las áreas religiosas formales. Priscila y Aquila, junto con Pablo, llevaron su negocio de hacer tiendas a Éfeso y luego a Roma, desparramando así el amor de Jesús dondequiera que iban.
El objetivo de la misión es hacer discípulos, más y más discípulos maduros de Jesús. La misión se lleva adelante cuando los cristianos dan su testimonio individual en sus lugares de trabajo, en sus vecindarios, en sus familias. De esa forma se van a ganar más personas para Cristo, que de todos los sermones predicados en todas las iglesias.

Para ver un videoclip de la entrevista a Joann Adebisi, haz click aquí.

Para ver todo el video de la entrevista a Joann Adebisi, haz click aquí.

Dr. Robert Scudieri, Presidente
Mission Nation Publishing

Tr. B. Hoppe

The Business of Mission

 

Joann Adebisi was born into a Muslim family in Nigeria. Her father had six wives, and Joann had a difficult time because of the jealousy of her father’s other wives, especially when she did something well and the other wives came down hard on her. But her father  showed special attention to the bright, energetic daughter who often sacrificed for him, to show how much she loved him.  He was especially proud of the way the girl grew in her commitment to Islam, getting to the mosque early in the morning, the only child among the adults.  But, as an adult, she had a change of heart. 

Struggling with a serious illness, unable to find peace in the faith into which she was born, Joann looked to Jesus. She saw a contentment in her Christian co-workers she wanted for herself.  Breaking with her family, she found the consolation she needed in the Christian God. The power she received in worship propelled her to tell people where she worked, Lufthansa Airlines, about her new found joy, worshipping a God she knew loved her. She did not always receive a positive response.

Joann’s husband was the mayor of their town in Nigeria, but the political situation in Nigeria deteriorated; political attacks forced him to send Joann and their children away – finally finding safety in the United States.   

Back at her former job with Lufthansa, but now in America, Joann made friends with an older co-worker, a Muslim man from Pakistan. They became good friends, until she revealed she had been a Muslim but had converted to Christianity. Joann says the Pakistani man was stunned into silence. When he did find his words, he glared at her through threatening eyes and said: “You know, I should kill you.”  But there were more positive responses. Joann takes her message to the marketplace, to her business, and to immigrant children in her neighborhood. The young ones are often confused while trying to find their place in a new culture. They get into trouble at home and in school. She has a way with “troubled” children, having been one. Her neighbors, Christian and Muslim, see this and love her for it.

It is interesting and important to note that Jesus spent much of his ministry in the marketplace, with business people. Jesus Himself was taught a trade and was known not only as “the carpenter’s son” but also as, “the Carpenter.”  We see Him only a few times teaching in a synagogue or the Temple. That is true as well for the earliest Christian missionaries. They brought Christ into the everyday lives of people. In my opinion, many Christians in America have lost this kind of focus at their places of business.  “Do not talk about politics or religion.”

Luke shows us that Paul’s co-workers, Priscilla and Aquila,  were tentmakers,” as was Paul.(Acts 18:3).  This put them in contact with people who would never have come into a synagogue or entered the Temple.  It seems they did most of their mission work outside the formal religious areas. Priscilla and Aquila took their tent making business with Paul to Ephesus, and then to Rome – scattering the love of Jesus wherever they went.

The business of mission is to make disciples, more and more mature disciples of Jesus. Mission is done best when individual Christians are taking their witness to their places of business, to their neighborhoods, to their families. More will be won for Christ in that way than from all the sermons preached in all the churches.  

To see an short clip of the video interview with Joann Adebisi, click here.

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