LA FORMACIÓN DE UN MISIONERO: Misioneros en América

LA FORMACIÓN DE UN MISIONERO: Misioneros en América

Los hermanos crecieron en una familia cristiana próspera en Pakistán. La familia Khan era propietaria de una fábrica de algodón y un pequeño molino de aceite. Llevaban una vida cómoda, aun cuando no todo era fácil para los cristianos en un país de mayoría musulmana. Pero antes de 1970, los cristianos y los musulmanes vivían, estudiaban y trabajaban juntos en paz. Los Khan eran buenos cristianos, pero nunca habían pensado en convertirse en misioneros sino que aspiraban a ser ingenieros. Tenían a disposición buena educación, tanto en escuelas públicas como cristianas, y así Khurram y Farrukh Khan fueron progresndo en sus estudios. Pero su vida iba a empeorar.
En los años setenta comenzó una revolución armada y llegó al poder un gobierno más autoritario. Un gran número de refugiados, muchos de ellos extremistas religiosos, huyeron de la invasión rusa de Afganistán y se instalaron en Pakistán. A ellos se unieron fanáticos de los estados del oeste de Rusia. Los cristianos comenzaron a sufrir.


El fundamentalismo musulmán tomó el control y fue estimulado aún más por los fanáticos. La regla de la mafia era bien común. La “Ley 295.C” exigía el castigo de la muerte por blasfemar contra Mahoma o el Corán.

Los fanáticos locales usaban esto como excusa para tomar la ley en sus propias manos y así perseguir, encarcelar y matar a aquellos con quienes no estaban de acuerdo. Ese fue el momento en que Khurram y Farrukh decidieron buscar una vida mejor fuera de Pakistán.

Recibieron ofertas para trabajar como ingenieros en una compañía petrolera estadounidense, y se fueron a trabajar en Arabia Saudita. El gobierno saudí no era menos represivo, pero al menos allí se respetaba la ley. Además, al estar viviendo en instalaciones de la compañía, los hermanos y sus familias podían vivir abiertamente como cristianos; mientras no compartieran sus creencias, estaban a salvo. Ellos no planeaban imponer sus creencias sobre los musulmanes. Eran cristianos comunes, no misioneros… hasta que comenzaron los estudios bíblicos.Arabia Saudita es el único país del mundo que prohíbe el culto cristiano. Allí es ilegal que un grupo estudie la Biblia, incluso en su propio hogar. Khurram y Farrukh y sus familias necesitaban expresar su fe por lo cual, aunque era contrario a la ley, se unieron a un estudio bíblico clandestino llevado a cabo en un hogar privado.
Uno de los miembros del estudio bíblico era un ingeniero del sur de Illinois que no sólo conocía la Biblia, sino también la gracia, la clase de gracia que Pablo celebra en Efesios 2:8-9: ”Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que nadie se gloríe”. Cuando Khurram escuchó esto, dijo que era “como escamas cayendo de mis ojos”. A los hermanos y sus esposas se les abrieron los ojos al perdón y el amor inmerecido y completo de Dios, sin que tuvieran que hacer nada para ganarlo. Al escuchar esto, ya no pudieron más guardar silencio.
Fueron impulsados, no obligados, impulsados por el Espíritu Santo a compartir esas noticias increíblemente buenas con todas las personas, pero especialmente con las personas del sudeste de Asia. Cuando el Señor llama a alguien al ministerio, es difícil resistir: Él sigue buscándolo a uno, abriendo puertas que nadie pensó que se podrían abrir. Dios escoge personas que nunca creyeron que podrían ser misioneros, que nunca tuvieron entrenamiento o recursos financieros. Como dice San Pablo (Romanos 9:21): “¿No tiene derecho el alfarero de hacer del mismo barro unas vasijas para usos especiales y otras para fines ordinarios?” Los misioneros son para ocasiones especiales.
Sabiendo que no iba a ser posible compartir a Cristo en Arabia Saudita, Farrukh Khan escribió al departamento de misión de la Iglesia Luterana del Sínodo de Missouri con un pedido: queremos venir a los Estados Unidos, ir al seminario y convertirnos en misioneros a los Estados Unidos. Muchos refugiados del sudeste de Asia venían a este país. En sus países de origen muchos no podían escuchar el evangelio de la gracia, del amor inmerecido de Dios; los hermanos Khan creían que podían compartir el amor de Cristo con estos inmigrantes en formas que los misioneros estadounidenses no podían. Aquí es necesario hacer una confesión.

La carta escrita por Farrukh fue enviada a la oficina del vicepresidente de la Iglesia Luterana-Sínodo de Missouri, el Dr. August Mennicke.


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En ese momento yo estaba sirviendo como director de la obra misional para la Iglesia Luterana Sínodo de Missouri en América. Pero cuando Auggie Mennicke me trajo la carta, me burlé: “No conocemos a estos hombres; podrían ser espías; no tienen formación misionera y no tenemos manera de saber si podrían tener éxito como misioneros en los Estados Unidos. Además (en ese momento, a principios de los años 90), los dos seminarios de nuestra denominación exigían que los candidatos fueran luteranos durante diez años antes de poder asistir. “Auggie, olvídate de eso”. Pero Auggie no lo hizo, sino que respondió a la carta de Arabia Saudita y se puso en contacto con Farrukh por teléfono.
Dos semanas más tarde, el Dr. Mennicke regresó a consultarme. “Bob, creo que estos hombres son sinceros. ¿No hay nada que podamos hacer?” Bueno, la semana anterior había recibido una solicitud de un grupo de iglesias en Toronto. Querían un misionero para llevar el amor de Dios a nuevos inmigrantes canadienses. Decidimos que si Farrukh estaba dispuesto a trasladar a su familia a Canadá, encontraríamos dinero para apoyar al ministerio.
Farrukh pagó su pasaje a St. Louis para ser entrevistado por líderes misionales. Los entrevistadores quedaron profundamente impresionados y recomendaron que Farrukh fuera instalado como misionero en Toronto. En Toronto, las iglesias descubrieron que no era un solo Khan sino dos, los que habían sido llamados a la obra misional. Así, Khurram Khan se convirtió también en parte de la misión.
No es fácil dejar atrás el trabajo, la casa, los amigos y todas las comodidades que disfrutan los ingenieros que trabajan para una compañía petrolera. El coraje, la fe, los sacrificios que se les pide a los misioneros es una prueba. Muchos que tienen el don, no logran pasarla. Como dice Malaquías, “Se sentará como un refinador de plata y quemará la escoria” (Malaquías 3:3). El Alfarero trabaja la arcilla y la cocina para que sea útil.
Los Khans hicieron enormes sacrificios, no solo en cuanto a sus ingresos, sino también en cuanto a su prestigio y comodidad, para comenzar una misión exitosa entre los asiáticos del sudeste en Toronto. Después de un tiempo, se les pidió que hicieran lo mismo en Detroit. Recaudaron fondos para comenzar POBLO — People of the Book Lutheran Outreach (los musulmanes llaman “People of the Book” – “Gente del Libro”, a los cristianos y judíos). Esos fueron tiempos muy difíciles. Las cuentas no fueron siempre pagadas a tiempo, pero los hermanos y sus familias perseveraron, como los primeros misioneros, como los apóstoles, como las mujeres y hombres llevados como refugiados de Jerusalén a Antioquía. Como Pablo y Bernabé. Refinados por el fuego confiaban, trabajaban duro, oraban y pedían a otros que oraran por ellos. Nunca se dieron por vencidos.
A veces se deprimían: a muchos cristianos les resulta difícil confiar en los inmigrantes de Pakistán, pues creen que están en el ministerio por sí mismos. Cuando comenzaron, no tenían entrenamiento en cómo ser misioneros. La mayoría de los pastores que pasan por el seminario no tienen esa capacitación: están preparados para cuidar a los cristianos, pero no se les enseña cómo comenzar una misión. La manera en que formamos a los trabajadores de la iglesia atrae a mujeres y hombres que pueden tener éxito en la educación superior, pero no como empresarios. Los Khans se negaron a rendirse. Fueron aprendiendo sobre la marcha: a veces con la ayuda de su iglesia, a veces a pesar de ella.
En un momento, al principio, consideraron seriamente regresar al Medio Oriente. Luego, en las semanas siguientes semanas hubo dieciséis bautismos en una misión que habían ayudado a comenzar, y dieciocho en otra. Se quedaron. Otros misioneros se sintieron atraídos por POBLO. En un momento dado, después de hacer juntos el programa de educación a distancia del Seminario Teológico Concordia, catorce hombres reclutados por POBLO fueron ordenados al ministerio en la iglesia Faith Lutheran en Troy, Michigan.

Hoy, POBLO es un ministerio de un millón de dólares que, incluyendo los ministerios comenzados en Pakistán, han producido más de doce mil bautismos. POBLO posee un edificio donde tiene sus oficinas y centro de capacitación misionero. Los ingresos del alquiler de otro espacio pagan la hipoteca. POBLO realiza obra misional en ocho distritos de la LCMS, y tiene planes para comenzar dos o tres nuevos campos misionales cada año.
Si antes de ese estudio bíblico en Arabia Saudita alguien les hubiera dicho a los hermanos que se convertirían en misioneros en América, no le hubieran creído. Sólo el Espíritu Santo no se hubiera reído. Es que el ser “misionero cristiano” no es un objetivo profesional, sino un llamado. Si el Señor así lo quiere, se abrirá un camino. Uno puede luchar contra eso, pero el Espíritu sigue insistiendo, abriendo algunas puertas, cerrando otras, modelando y moldeando, dando fe, coraje y amor… todos los componentes necesarios para la formación de un misionero. El Alfarero todavía está trabajando, creando nuevas vasijas de barro para uso especial.

Dr. Robert Scudieri, Presidente
Mission Nation Publishing

Tr. B. Hoppe

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