El Poder del Misionero

El poder del misionero

 

 

 

 

Cynthia – Misionera a los Estados Unidos (Por razones de seguridad, tanto de Cynthia como de su familia en Pakistán, no podemos mostrar su rostro ni revelar su nombre completo.)

Le pregunté a Cynthia, una de las nuevas misioneras a los Estados Unidos: “Después de veintitrés años de servir como misionera en los Estados Unidos, ¿qué consejo tienes para alguien que quiere compartir el amor de Dios con los musulmanes?” Su respuesta fue rápida y directa, producto de una narrativa de peligro para los cristianos en el Medio Oriente. Específicamente, el peligro con el que su familia y la familia de su esposo vivían todos los días que estuvieron en Arabia Saudita. Pero la historia comienza en Pakistán.

El abuelo de su esposo, un respetado médico y terrateniente, una mañana iba caminando a su oficina cuando, al pasar por una capilla cristiana, oyó hablar a un misionero estadounidense. Se detuvo un momento y escuchó estas palabras: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre, sino a través de mí.” La curiosidad lo hizo entrar y la Palabra que escuchó tuvo poder para cambiarle la vida.

En esos días, los cristianos y los musulmanes no se peleaban entre sí. Había respeto por la fe del otro. Pero eso cambió mientras Cynthia crecía. Durante la era de sus padres, Pakistán e India se habían dividido en una sangrienta separación. Cuando Cynthia era niña, un gobierno represivo llegó al poder en Pakistán, uno que ganó adeptos inculcando miedo al “otro”, en particular, miedo a los hindúes y a los cristianos. Los ataques a las casas de adoración cristianas se hicieron más comunes, al igual que las golpizas y el asesinato de líderes cristianos.

Cynthia se casó con un ingeniero cristiano. Ambos decidieron que tenían más futuro trabajando para una empresa petrolera árabe-estadounidense en Arabia Saudita, que quedándose en Pakistán. No es que Arabia Saudita aceptara más a los cristianos: la Meca y Medina, dos de los tres lugares más sagrados del Islam (la Mezquita de Al-Aqsa en Jerusalén, el lugar desde donde los musulmanes dicen que el Profeta Muhammad ascendió al cielo, completa el trío), se encuentran allí. Cuando el matrimonio se fue a Arabia Saudita, era ilegal entrar una Biblia al país y también tener o participar de un grupo de estudio bíblico. No sólo se les temía a los cristianos, sino también al poder de esa Palabra que venía con ellos. La respuesta de Cynthia a mi pregunta sobre su consejo para alguien que quiere compartir el amor de Dios con los musulmanes fue: “La Palabra de Dios tiene un gran poder”. Ella tuvo una experiencia personal que lo comprueba.

En Pakistán, Cynthia y su esposo habían crecido en una iglesia cristiana, pero no habían pasado mucho tiempo estudiando la Palabra de Dios. De todos los lugares, fue en un estudio bíblico clandestino en Arabia Saudita, donde tuvieron esa oportunidad. Un ingeniero de los Estados Unidos enseñaba a un grupo en la casa de uno de los cristianos pakistaníes. El estadounidense estaba explicando la gracia, la clase de gracia de la que habla San Pablo en Romanos 3:21-22: “Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, y de ello dan testimonio la ley y los profetas. La justicia de Dios, por medio de la fe en Jesucristo, es para todos los que creen en él.” Su esposo recuerda lo que sucedió a continuación de esta manera: Fue “como si de mis ojos cayeran escamas” (ver Hechos 9:18). La manera en que Dios reconcilia a las personas consigo no es a través de nada que ellos hayan hecho o pudieran hacer. Dios las reconcilia a través de la muerte y resurrección de Jesús, disponible para todos los que creen y son bautizados. ESA es una palabra poderosa y es el poder que los misioneros llevan con ellos.

Quizás haya sido porque estaban aprendiendo la Biblia ya de adultos, o quizás porque tenían que desobedecer las leyes saudíes para estudiar la Palabra en un grupo secreto. Sea lo que fuera, sus vidas habían cambiado. Fue en Arabia Saudita, después de escuchar esa Palabra, que decidieron que tenían que convertirse en misioneros a los musulmanes.

La Palabra es el poder del misionero; ella tiene el poder de matar y de resucitar. Había sido suficientemente poderosa como para que un médico, al pasar delante de una capilla en Pakistán, llegara a la fe en Jesús. Y fue suficientemente poderosa como para llegar a los corazones de dos pakistaníes que trabajan en Arabia Saudita y traerlos a los Estados Unidos para ser misioneros a los musulmanes.

Cynthia y su familia han comenzado más de veinte misiones de musulmanes en los Estados Unidos. Aun así, ella sabe que muchos más musulmanes llegarían a conocer a Jesús si todos los cristianos vieran como un privilegio el llevar la Palabra poderosa a quienes aún no han escuchado: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino a través de mí.”

Casi al final de nuestra entrevista, Cynthia compartió un consejo para quien quiera compartir el amor de Dios con los musulmanes: “¡Dígales, por favor, que tomen la iniciativa y hagan un primer contacto! Extiendan una mano y hablen con ellos. Háganles preguntas en forma amistosa: ¿De dónde eres? ¿Qué necesitas? ¿Qué preguntas tienes? ¿Has oído hablar del Salvador Jesús? Y luego dejen que el poder de la Palabra haga su trabajo.”

Para ver la entrevista con Cynthia de 20 minutos haga clic aquí

Para ver una introducción de la historia de 2 minutos haga clic aquí

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